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"Pan Criollo" de César Tiempo; una diferencia pequeña de fechas y un prolongado olvido


Dicen que fue este argentino nacido en la actual Ucrania en 1906, que se crió en el barrio de La Paternal desde que tenía apenas un año de vida, cuando aquello era una zona de conventillos y humildes casas bajas, con jardines o huertas al frente y gallineros atrás, quien una noche, en plena calle Corrientes, le presentó a su amigo Carlos Gardel a otro amigo de escenarios y poemas; don Federico García Lorca. Y fué él quien dejó para su vida privada el nombre con el que nació; Israel Zeitlein, para ser César Tiempo y también Clara Beter, cuando en 1926 decidió salir con su libro  "Versos de una..." cuyos conmovedores poemas fueron poniendo luz, sobre la triste vida de las muchas mujeres explotadas, en los más de 800 prostíbulos habilitados en esos años en Buenos Aires, alcanzando a vender más de doscientos mil ejemplares en pocos meses.(En realidad lo que verdaderamente causó conmoción fue el oficio de la autora: prostituta. Una prostituta judeo-ucraniana que fue engañada y traída a Buenos Aires por una vasta red internacional de prostitución y que ahora escribía poemas para contarlo. Hubo luego una intensa búsqueda de la autora, lo que obligó a César Tiempo a salir del seudónimo lo que sumó más conmoción aún al saberse que era un hombre. Algunos se molestaron mucho, como Castelnuovo, que confesó que el autor del libro "no era una prostituta sino un prostituto".)
De su carrera como dramaturgo, poeta y guionista de radio y de cine, se ha escrito mucho y merecidamente, es poco entonces lo que yo puedo aportar, pero lo hago porque viene a corregir un error poco importante quizás, pero muy común, ya que en varios registros (en los de la Biblioteca Nacional, inclusive) se cita el año 1938 como la fecha de estreno de su obra teatral más conocida, me refiero a "Pan Criollo" que llevara a escena con enorme éxito la "Compañia Muiño - Alippi" en el Teatro Nacional y en otras salas. Pués bien, la pieza de mi colección que a continuación publico, es un anuncio de la función de "Pan Criollo" del miércoles 20 de octubre de 1937 en el viejo Teatro Fenix del barrio de Flores. Aquí está:


Además este viejo anuncio nos permite conocer bien en detalle al numeroso elenco que integró, cuadro por cuadro, aquel éxito de César Tiempo, (algo que no se encuentra en ningún otro documento que yo conozca) por lo que me permito repetir ampliada por partes la imagen del anuncio y vemos allí otros nombres populares, como el de Francisco Alvarez haciendo cuatro roles diferentes a igual que "Pepita Battaglia" seudónimo usado por Nora Cullen que interpretaba a "una vecina" y a "una vendedora de fósforos" , y encontramos a Héctor Méndez y a otros en más de un rol.




"Pan Criollo" fue también un éxito editorial a partir de 1938 con esta primera edición, quizás de ahí la confusión de fechas, ya que toman la edición del libro como fecha de estreno:


En la década del 30 comenzó a escribir sus primeros guiones teatrales: “El teatro soy yo” (1933) estrenada por Mario Sofici en el Teatro Smart, “Alfarda” (1935) en el Teatro Argentino y “Pan criollo” (1937) representada en el Nacional. Otros libretos teatrales fueron: “Quiero vivir” (1941) estrenado por Camila Quiroga en el Teatro Argentino, “Zazá porteña” (1945) en el Teatro Casino, “La dama de las comedias” (1951) por Iris Marga en el Teatro San Martín, “El lustrador de manzanas” (1957) por Luis Arata e “Irigoyen” (1973).
Pero toda su obra literaria ha sido realmente enorme, como dramaturgo o poeta o guionista fue más que importante para nuestra cultura, no obstante, ninguna calle, ningún pasaje, ninguna plaza, ninguna biblioteca lleva su nombre en esta amada Ciudad de Buenos Aires... Equivocar una fecha de estreno es un error muy menor, pero la falta de un reconocido homenaje a su obra, es un error muy penoso.

César Tiempo

Vittorio Podrecca y su famoso Teatro del Piccoli en Buenos Aires Año 1937


Teatro del Piccoli en Italia
Hacia la primavera de 1937 lejos estaba Vittorio Podrecca y su famoso Teatro del Piccoli, de pasar  como una presencia más, de las múltiples (talentosas todas) que  pisaban anualmente el escenario del antiguo Teatro San Martín de la calle Esmeralda. La trascendencia de su arte deslumbró a los porteños que alcanzaron a verlo; pequeños o mayores, amantes del teatro o ajenos a la farándula, comprobaron que este italiano era mucho más que un manipulador de muñecos, era el artífice de una conjunción artística, en la que se armonizaban la música, la danza, el color, la palabra y el gesto, en una combinación de códigos raramente presente en nuestros escenarios.
El mismo Podrecca se definía entonces: “El Teatro del Piccoli, no quiere ser llamado Teatro de Marionetas ni de títeres. Estas dos denominaciones responden a una cosa tradicional, vetusta, o a una cosa banal de expresión infantil. Nuestras marionetas están reformadas técnicamente; no son las marionetas venales. El Teatro del Piccoli tiene un sentido artístico antes que marionetista; se sirve de la marioneta como instrumento, de la misma manera que el arte de la música se sirve del violín. Hemos sacado a la marioneta, todo el rendimiento que puede dar dentro del espíritu moderno. Entre la estilización y la caricatura está el contenido espiritual de la marioneta: la musicalidad y el ritmo. Si el ritmo se esparce el muñeco muere, pierde su humanización. Con las marionetas no hay posibilidad de hacer funciones de larga duración. Por eso están más cerca del espíritu moderno que del teatro contemplativo. El espectáculo de ahora debe ser vibrante.”
Vittorio Podrecca en los pasillos a camarines del antiguo Teatro San Martin de Buenos Aires de la calle Esmeralda Coleccion Privada de Roberto Famá coleccionesteatrales@gmail.com
Nacido en 1883, Podrecca era hijo de un famoso abogado, periodista y amante del arte. En 1905 se trasladaron a Roma, por motivos de trabajo del padre. Allí, en la Ciudad Eterna, Vittorio dejaría luego sus estudios de abogacía y se lanzaría de lleno en la creación de un teatro, que pronto alcanzó gran fama nacional y mundial. En1914 funda su "Teatro dei Piccoli" y presenta su primer espectáculo, ante la admiración del público en el Palazzo Odescalchi. Su primer gran montaje teatral tuvo lugar en la Piccola Scala de Milán, con la puesta en escena de "El retablo de Maese Pedro", de Manuel de Falla.
En sus espectáculos no faltaban los grandes personajes de la cultura de la época, reducidos a pequeña escala y movidos por hilos. Chaplin, Greta Garbo o los hermanos Marx eran los protagonistas de algunos de sus montajes teatrales, utilizando para las representaciones las voces grabadas de dichos artistas. Estructuraba sus cuadros con cuentos tradicionales, operas, zarzuelas y mitos del lugar. 


El final del espectáculo siempre estaba reservado para uno de sus más famosos personajes: el pianista Piccolowsky, quien, mientras tocaba magistralmente al piano una sonata, cerraba el telón. Ernesto Schoo, en su columna del diario "La Nación" del 13 julio de 2002, así recuerda al  diminuto pianista: "En la memoria de este cronista permanecen tan sólo dos detalles de la representación a la que asistió, hace 65 años. Uno, la delirante actuación del "más pequeño y más cómico pianista", que cerraba la función: un monstruito melenudo que, al tiempo que agitaba su exacerbada pelambre al compás de una polonesa furibunda, destripaba el minúsculo piano víctima de su temperamento apasionado. Otro -el más preciso-, la incesante rotación de una sombrilla, de la que se servía una no menos temperamental soprano, la Signora Strampoloni (entre cajas, la mujer de Podrecca, Lía, cantante de coloratura), mientras entonaba, cada vez más aceleradamente, el vals "Voces de primavera", de Strauss. La sombrilla giraba y giraba hasta convertirse en una suerte de hélice que arrastraba a la emisora de incesantes gorgoritos a la estratosfera"
La marioneta Pianista Piccolowsky y el Tenor

Su fama se extendió rápidamente por todo el mundo, tanto es así que recorrió más de veinte países diversos representando sus espectáculos, a los que iba añadiendo personajes típicos de las culturas por donde pasaba. Así, su colección de muñecos llegó a tener más de novecientos "artistas" de hilos en actividad. Seguramente el elenco más disciplinado del mundo. El éxito de su inmenso trabajo se debía a su capacidad para compaginar en sus espectáculos la música, la poesía, la danza y la mejor técnica de manipulación en muñecos de hilo que se haya visto.

EVA FRANCO: Más de 900 personajes en teatro y cine en 80 años de carrera

Eva Franco, "La dama de la escena Nacional" es tan enorme su carrera como fue su talento; inabarcable, esa es la palabra, inabarcable incluso para cualquier investigador de la historia del teatro nacional, porque Eva Franco cruza la escena nacional y le pone su firma. Nació en Junio de 1906 y vivió el teatro desde la cuna. A los ocho meses hizo su primera aparición en el escenario, en brazos de Gerónimo Podestá. Se cuenta que Carlos Gardel, que era amigo de su padre le regaló una muñeca y ella jugaba a actuar ya sobre el escenario. Recordará Eva Franco: “De niña, mi papá me ponía una sillita para que yo me subiera y jugara a actuar. Y seguí jugando hasta ahora, siempre el mismo juego. Es un juego bravo, pero lo amo”.







En ambas fotografías vemos a Eva Franco actuando en "Medio Millón Por Una Mujer" 
Escena en interior de habitación. Eva Franco sacando un chocolate de una caja que tiene en su mano mientras Cirilo Etulain la mira sonriente. Ambos de pie, en una habitación ambientada estilo campo. Dirección Francisco Mugica

Eva debutó en el Politeama de Rosario, haciendo un pequeño papelito en el Jesús Nazareno de García Velloso. Ella misma recordaría:  “Salía para decir cinco palabras y llorar. Tenía una facilidad asombrosa para llorar”, tenía apenas 7 años. Ya a los 12 años tuvo sus primeros roles de responsabilidad, en la Compañía Franco-Simari-Arata (su padre fue su primer director artístico), y en la más prestigiosa compañía, la de Pablo Poldestá-Camila Quiroga. Es que Eva Franco era parte de una familia de artistas y para ella el teatro era su casa.


Fotografía aparecida en la revista Escenario año 1931 con parte de su familia

Su madre fue Ernesta Morandi, tenía 18 años cuando conoció a su futuro esposo, ella era hija de un inmigrante italiano que se opuso a la boda, porque el novio  era José Franco, tenía 20, y para colmo de males era actor de circo. Claro que no era cualquier circo; se trataba del circo de los hermanos Podestá, donde estaba naciendo el teatro nacional, allí tenía que nacer Eva Franco, la gran señora de la escena nacional.
Luego nacieron sus hermanas Herminia y Nelly, que también eligirían ser actrices y Angelina que no fue actriz pero se casó con un actor, el cómico Leopoldo Simari. Además había otra prima de las chicas, Nélida Franco, que luego alcanzó fama como actriz radial. 

Eva misma cuenta su historia en un libro ya agotado y muy difícil de hallar entre las librerías de usados, pero que bien le vale la pena buscarlo a toda persona amante del teatro.


El mítico Pablo Podestá le decía al padre “que no me dedicara jamás a hacer teatro subalterno”. Pero ella tanto hacía el drama de Alberto Welsbach Resaca, como piezas reideras de Romero y Bayón Herrera y así lo recordará: “Género chico, sí, pero un momento, que el viejo sainete porteño fue el mejor maestro que tuvimos entonces los intérpretes criollos”. Entonces, las compañías estrenaban hasta tres sainetes por semana, lo que requería un ejercicio constante.


En esta fotografia, de la noche del 1/9/1922, vemos a Eva Franco con parte del elenco de la Cia Arata-Simari-Franco, en la obra "Un Hombre de Negocios" de Domingo Parra y Torcuato Insausti, sobre el escenario del viejo teatro San Martin de la calle Esmeralda. En la misma sala, en otro horario de función interpretaban la obra "Voila la City al Galope" Asi era entonces el esfuerzo increible de las compañias teatrales, con hasta tres estrenos en una semana.

A los 15 años, encontró un pieza que le daría muchas satisfacciones, “Retazo”, del italiano Darío Nicodemi, y que la llevó en varias giras por Argentina, Chile y Uruguay, con tal éxito que a los 17 ya encabezaba su propia compañía, junto a Enrique de Rosas, maestro de actores, y se podía comprar dos cero kilómetro por mes. Las noches de estreno, y las de despedida, el teatro desbordaba de aplausos, suelta de palomas, tirabuzones de serpentinas y abanicos de flores en el escenario.  
Dijo de Eva Franco el periodista Ernesto Schoo:

Allá por 1937 (año más, año menos) un gran éxito de la temporada porteña fue "Joven, viuda y estanciera", de Claudio Martínez Payva, en una sala de la calle Corrientes que pudo haber sido el Astral, quizá. Mis padres, espectadores infatigables, me llevaron a verla a una función matinée. Quedé muy impresionado. Menos por la obra, bastante previsible aunque entretenida, que por su protagonista. Era Eva Franco.
Hasta ese momento yo casi no había visto otra cosa que sainetes, o bien esos espectáculos cómicos todavía linderos con el circo, con personajes caracterizados hasta la deformidad, con narices monstruosas, pelucas improbables, maquillajes exagerados que la cruda luz blanca resaltaba aun más, ropas carnavalescas. Las obras "serias" no se consideraban aptas, supongo, para chicos.
Mi padre me había advertido: "Nadie en el teatro argentino despliega la riqueza de tonos, de matices, de Eva Franco". Tenía razón. No sólo me entretuvo la previsible historia de la estanciera víctima de unos sinvergüenzas y rescatada por la devoción silenciosa de un capataz enamorado, sino que comprobé la verdad del aserto paterno. La actriz manejaba su voz con la flexibilidad de un instrumento musical, le arrancaba los acentos justos y, sin poder precisarlo todavía, a mi temprana edad, percibí también un exacto manejo del tiempo, de los tiempos, otro don musical.
Hay una escena, cuando por fin el capataz (era Fernando Ochoa, el famoso recitador gauchesco) confiesa su amor secreto por su patrona y ésta comienza a recordar episodios de infancia donde aquél pudo estar presente. La gracia está en que sistemáticamente los recuerdos no coinciden. Por el estilo de (estoy imaginando, no es el diálogo auténtico, pues no tengo el libreto a mano):"¡Ah!, usted era aquel que me salvó cuando el coche se volcó en el arroyo...". "No -le contesta él- yo era el que la ayudaba a atravesar los alambrados cuando usted iba a buscar al ternero extraviado". Y así un buen rato, hasta que todo se aclara y el amor triunfa, claro. Y bien, de esa escena, acaso trivial, la Franco -bien acompañada por Ochoa, justo es decirlo- hacía una filigrana de sutiles gradaciones, de la certeza a la duda, del asombro al temor de la revelación, de la autoridad de patrona al consentimiento de la mujer también enamorada. Han pasado tantos años y no lo he olvidado.



A este enorme éxito siguieron muchos más, vemos también junto a Fernando Ochoa, a su padre y a su hermana, como superaba las 200 representaciones con la obra CRUZA

Como bien digo al incicio de esta publicación; su trayectoria es tan grande que debemos darnos más de una entrada para apenas aproximarnos a  conocerla, por lo tanto pronto publicaremos más material sobre Eva Franco;  señora de la escena nacional.