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AQUEL TEATRO FILODRAMÁTICO, SOLIDARIO Y LIBERTARIO QUE PARIÓ AL TEATRO DE HOY




Por Roberto Famá Hernández 

Desde el último tercio del Siglo XIX las diversas olas de inmigrantes, preservando su identidad cultural y social en la nueva tierra, dieron lugar a infinidad de asociaciones civiles de colectividades por lugar de origen o por filiación política, tanto de anarquistas como socialistas y en años posteriores a exiliados republicanos durante la Guerra Civil Española.

Aquellas manos obreras trajeron un equipaje solidario, cultural y libertario que rápidamente se expandió por todo el país y en las sedes de sus agrupaciones sociales nunca faltó ni la biblioteca ni el “salón de fiestas” con su correspondiente escenario para que los músicos y elencos filodramáticos pudieran brindar su arte, porque con el arte se podía superar y aprovechar de una manera enriquecedora la problemática del desarraigo y la dificultades que implican el echar nuevas raíces en tierras extrañas.

Hacia 1924 se registraban, en la Capital Federal cerca de 150 espacios de diferentes agrupaciones y en 400 pueblos y ciudades de todo el país, más de 500 escenarios, entre medianos y grandes, donde se desarrollaban actividades musicales y teatrales. Un ejemplo a imitar resultaba el Vorwarts, de Rincón 1141 con capacidad para 600 personas, perteneciente a la colectividad alemana, una de las colectividades con mayor nivel organizativo o bien, el escenario de La Casa Suiza sobre la calle Rodríguez Peña que sobrevivió hasta hace muy poco y fue el reducto predilecto de la cultura afro desde los tiempos de Sarmiento hasta nuestros días. El que sí ha sobrevivido casi intacto es el Teatro Verdi, construido para lucimiento del arte lírico en pleno corazón del barrio de La Boca.

Teatro Verdi hoy
Un tercio de estos espacios pertenecía a agrupaciones de origen italiano, algo similar sumaban las españolas y luego de otras nacionalidades junto a agrupaciones anarquistas o socialistas conformaban el tercer tercio. Muchos de esos escenarios hicieron luego posible que el teatro comercial de aquellos años, pudiera salir de gira por el país. Fueron las agrupaciones sociales las que tejieron esa red de espacios escénicos y no los Estados provinciales o el nacional que no se ocuparon de construirlos.

La ruta escénica más transitada hacia inicios del Siglo XX era desde Buenos Aires, camino a Rosario y luego a Uruguay cerrando el triángulo en Montevideo; circuito creado por “obra y gracia” de las agrupaciones artísticas anarquistas y socialistas que necesitaban evadirse de la persecución policial, no quedándose fijos demasiado tiempo en un lugar y refugiándose en las distintas “sociedades de resistencia” denominación que se les daba a las asociaciones gremiales por oficios, que mayormente existían en pueblos y ciudades de ese circuito. 

Un repaso por los diarios de la época, nos permite dar cuenta que en Buenos Aires existían no menos de 42 agrupaciones o elencos filodramáticas de origen socialista o anarquista, en Rosario no menos de 10 y en Santa Fe al menos 6.

El primer objetivo de estas agrupaciones filodramáticas era la difusión de sus ideas libertarias mediante el arte escénico; las funciones se iniciaban habitualmente con un himno obrero, como “Hijos del Pueblo”

Hijo del pueblo, te oprimen cadenas | y esa injusticia no puede seguir. | Si mi existencia es un mundo de penas | antes que esclavo prefiero morir. | Esos burgueses, asaz egoístas | Que así desprecian a la Humanidad, serán barridos por los anarquistas | al fuerte grito de libertad.
Luego se presentaba el drama social o “boceto” y al término una conferencia dogmática o bien un debate abierto. No olvidemos que para estas agrupaciones filodramáticas lo importante no era hacer una función artística frente al público, sino con el público, el éxito era lograr que el espectador se involucre, se conmocione con lo que estaba sucediendo sobre el escenario

Silverio Manco, peluquero, actor y dramaturgo anarquista junto a su esposa, interpretando su obra breve "Navidad" en un improvisado escenario en la agrupación "Los Leones" en Lanús en la navidad de 1910.

Tanto para las agrupaciones políticas como para las agrupaciones de colectividades de origen, otro objetivo importante de cada función era la recaudación de fondos por venta de entradas y de rifas que se vendían antes y luego de la función, muchas veces con premios importantes; o una máquina de coser que ayude a solventar la economía familiar o un revólver con su correspondiente caja de balas en algunas agrupaciones anarquistas.

Lo recaudado en las agrupaciones de colectividades de origen era mayormente dirigido al sostén económico de la agrupación y asistencias de salud de la comunidad a la que representaban, mientras que en las agrupaciones socialistas y también en las  anarquistas, buscaban solventar sus publicaciones periódicas o dar sostén económico a las familias de aquellos militantes presos, muertos o deportados, o bien, hacían contribuciones solidarias con los huelguistas de tal o cual conflicto.

Las funciones, pese a no ser profesionales eran muy convocantes, el promedio era de 250 asistentes por función, las que llegaban a 500 entradas eran consideradas un éxito pero no eran tampoco propio de raras excepciones, acontecían sobre todo en determinadas fechas de patronos de cada ciudad de origen o en fechas tales como el 1° de mayo entre las agrupaciones políticas o sindicales o bien, cuando de la conferencia dogmática o del debate participaban figuras destacadas, como Alfredo Palacios entre los socialistas u otros referentes sociales de la época.

Estos grupos filodramáticos no sólo dieron lugar a infinidad de escenarios en el país, sino que de ellos surgieron grandes nombres de la dramaturgia rioplatense como Florencio Sánchez, Roberto J. Payró, José de Maturana, José González Castillo, Armando Discépolo y muchos más. La mística libertaria de estos elencos ha parido luego a nuestro teatro independiente de ayer y de hoy, del que se alimenta el teatro comercial, el oficial y el cine y la Tv, ya que es la usina, la fragua donde se forjan los artistas de nuestra escena, valorados en el mundo por su creatividad y capacidad interpretativa.

Antiguo Teatro Argentino




Orfilia Rico Señora de la escena rioplatense desde 1901 hasta 1922

Orfilia Rico
La "madre" del teatro costumbrista



Orfilia Rico, montevideana, dicen que nació casi sobre un escenario el 5 de abril de 1871. Aseguran algunos historiadores que su madre Lorenza debió interrumpir una función de “Los hijos del Capitán Grant” (*)  para parir.  Su padre, Carlos Rico, era tenor y primer actor. Lorenza primera tiplé. Ambos, intérpretes de zarzuelas y repertorio clásico español, le dieron a su hija Orfilia una infancia entre telones y bastidores. Con apenas 5 años tuvo su primera interpretación con texto, actuando junto a su madre y su hermana Concepción, en la obra “El pañuelo blanco” del dramaturgo Eusebio Blasco en el Teatro Cibilis de Montevideo. Luego vendrían incontables teatros, salones y años después, ya adolescente, en un carromato de actores trashumantes llegó a presentarse en algunas provincias argentinas, interpretando papeles de “Damita joven” dentro del  repertorio clásico español, con larguísimos textos que Orfilia memorizaba con exactitud.

(*) “Los sobrinos del capitán Grant“es una zarzuela, denominada también como "Novela cómico-lírico-dramática", en cuatro actos y dieciocho cuadros, basada en la novela de Julio Verne "Los hijos del capitán Grant". El libreto es de Miguel Ramos Carrión; y la música, del maestro Manuel Fernández Caballero. Se estrenó con gran éxito en el Teatro Príncipe Alfonso de Madrid, el 25 de agosto de 1877. Por lo tanto NO COINCIDE con la fecha de nacimiento en 1871.

Cuando llega a Buenos Aires decide instalarse y abandonar el carromato. Se suma a diferentes compañías locales, así pisa los escenarios del Teatro Argentino, el Teatro Mayo, el Teatro Onrubia con comedias y sainetes con variada suerte. Cuando regresa a Montevideo, es para intentar armar compañía propia junto al actor Salvador Rosich y volver al repertorio clásico español que tanto Orfilia como el actor catalán conocían muy bien. Ya no cubría el rol de “Damita Joven”, gracias a su firme presencia escénica, su fuerte contextura física y su potente voz, se instala siendo aún muy joven como “actriz de carácter”, rol que ya no abandonaría nunca más.

Recordemos que en esos tiempos los roles en escena estaban muy tipificados; una actriz o actor “de carácter” era quien, por su talento y aptitud física, podía interpretar personajes de diferentes edades, distintos estereotipos, de nacionalidades diversas, ciegos, madres abnegadas, etc. Es decir artistas que pueden “caracterizarse” y aportar a la compañía todo tipo de personajes reconocibles por el público.

Dicen que en 1901, interpretando en Montevideo a una mujer mulata, por su discurso físico y su dicción exacta, impresionó al dramaturgo uruguayo Enrique De María que, de inmediato, la recomendó a Jerónimo Podestá que acababa de separarse de su hermano “Pepe” y junto a Marita, Anita y Blanca Podestá estaba formando su propia compañía. Orfilia debía pasar del “Teatro Clásico Español” al “Teatro Criollo” y aceptó el desafío. Traía una formación muy diferente a la de todos sus compañeros y compañeras de elenco que venían del arte circense y algunos de ellos eran analfabetos, Orfila, que desde niña acostumbrada a memorizar largos textos clásicos, no necesitaba del apuntador y esta característica le permitió que, apenas incorporada a la compañía, pudiera reemplazar sin ensayos y con apenas un breve tiempo para leer el texto a Anita Podestá que había sufrido una indisposición repentina.

Orfilia Rico en 1911
Jerónimo Podestá entendió de inmediato que tenía a su lado a una gran actriz, viajaron a Buenos Aires y juntos ganaron los aplausos en el Teatro Rivadavia con el sainete “Bohemia Criolla” de Enrique de María y desde el debut conquistó los halagos de la crítica. La lista de estrenos encabezados por Jerónimo Podestá y Orfilia Rico es inabarcable, todos bien recibidos tanto por el público como por la crítica. Pero un estreno marcaría la historia del teatro rioplatense; fue cuando interpretando el rol de “Doña Mariquita” estrena “Mi hijo el Dotor” y emociona hasta las lágrimas a Florencio Sánchez que le dice: “Usted no es Doña Orfila, usted es esa vieja que yo inventé para mi obra”

Es que en el paso del “Teatro Clásico Español” al “Teatro Criollo” Orfilia había ganado en naturalidad en sus interpretaciones; la “actriz característica” no repetía gastados arquetipos, ella los buscaba en la realidad para llevarlos a escena: al respecto Carlos Schaffer Gallo recuerda que cuando Orfilia estrenó (junto a Pablo Podestá) su primera obra “La novia de Zupay” le pidió al autor que le refiriera todo lo que había imaginado del personaje de Gualberta que ella debía interpretar, que cómo era físicamente, cómo se movía y principalmente cuál era la fonética de su modo de hablar y lo persiguió con preguntas hasta que el autor le trajo a una criada santiagueña de la cual Orfilia Rico no habría de separarse hasta el día del estreno.

En Orfilia Rico se sucinta más de una página de la historia de nuestra escena; luego de “Mi hijo el dotor” es ella junto a Jerónimo Podestá quién estrena en noviembre de 1903 “La Gaviota” de Nicolás Granada y en mayo de 1904 vuelve a firmarle la partida de nacimiento a otro clásico; estrena “¡Jettatore!” de Gregorio de Laferrere. Orfilia en muy poquitos años había conquistado a todo el público porteño; no se llevaba sólo el aplauso del sector popular, a Orfilia Rico iban a verla también las clases más acomodadas, que adherían mayoritariamente al llamado “teatro culto” pero con Orfilia no faltaban a la cita y este era un fenómeno  muy particular que llamaba la atención de empresarios, dramaturgos y críticos.

Angelina Pagano
Es quizás por esto que, Angelina Pagano, que era un poco la actriz predilecta del “teatro culto” de ese tiempo, la convoca en setiembre de 1904 a integrarse a su compañía que acababa de formar junto al actor Alejandro Almada y deciden repetir el éxito del año anterior de “La Gaviota” de Nicolás Granada. Orfilia acepta, pero aquí pasa, de una serie de grandes éxitos, a un fracaso estrepitoso y la puesta apenas si soporta 4 funciones y debe ser levantada y la compañía debió disolverse. Pero Orfilia quería seguir insistiendo y ya sin Pagano, Orfilia y Alejandro Almada vuelven a intentarlo y presentan “La Gaviota” en el Teatro Rivadavia el 7 de diciembre de 1904. Pero aquel éxito enrome junto a Jerónimo Podestá del año anterior, volvió a fracasar y el 26 de diciembre debieron bajar del cartel del Teatro Rivadavia.

Orfilia integra luego diferentes compañías y estos intentos, sin éxitos destacables, se prolongan durante todo el año 1905 hasta abril de 1906 en que vuelve a trabajar junto a Jerónimo Podestá presentando “Locos de verano” de Gregorio Laferrere en el Teatro Nacional. Ese año estrena también tres obras de Alberto Novión en las que representa a una vieja criolla y las tres impactan fuertemente en el público y luego cambia rotundamente al interpretar en ese mismo año a una señora de la aristocracia en “Bajo la Garra” de Laferrere y es el diario La Prensa del 30 de mayo de 1906 que destaca ampliamente su trabajo diciendo que fue la única del elenco que supo “vestirse, hablar y representar a una dama de sociedad”

Orfilia Rico en el estreno de "Las de Barranco"
24 de abril de 1908 en el Teatro Moderno (hoy Liceo)
Aquí, los autores entienden que deben escribir inspirados en ella, es Orfilia Rico quien les marca el rumbo, sus personajes de “actriz característica” son los que llevan la escena, la acción de la obra la bastonea ella interpretando generalmente a madres comprensivas y cariñosas o despóticas, pero siempre siendo el eje de la acción dramática, de allí que muchos se refieren a Orfilia Rico como la “madre del costumbrismo” en la escena nacional. El punto culminante de esta relación con el autor es “Las de Barranco” que Gregorio Laferrere en un principio la escribe pensando en un monólogo para que interprete Orfilia Rico, luego va integrando los otros personajes y la acción dramática pasa indefectiblemente por “Doña María, viuda de Barranco” y esta fórmula asociativa de autor e intérprete se repite en obras como “Las d`enfrente” “Delirio de grandeza” y muchas más con distintos autores.

Y como en 1904 el público la acompaña congregando nuevamente tanto a las clases populares, más habitué de los fines de semana y al público “culto” que concurría a verla generalmente en días de semana y olvidando aquel fracaso de diez años atrás, en 1914 vuelven a insistir en formar compañía con Angelina Pagano denominada “Compañía Pagano-Rico” pero nuevamente el fracaso no se hace esperar; el público ponía en cada una de ellas expectativas diferentes y el lucimiento de una no se compadecía con el de la otra. Pagano se destacaba en roles melodramáticos y de Orfilia Rico el público esperaba el humor con cierta picardía, más propio del sainete, como el “aparte”, el remate gracioso al cerrar cada acto, el equívoco idiomático con el “cocoliche” etc. de modo que no había modo que pudieran funcionar juntas  y pronto se disuelve la compañía.

Separada entonces de Pagano forma nuevamente compañía propia junto al actor argentino Juan Mangiante, que manejaba también excelentemente los recursos del humor,  esposo de la actriz María Esther Buschiazo que también abandona el elenco de Pagano y se queda a formar parte de la nueva compañía, denominada “Rico-Mangiante”. Se presentan desde junio de 1914 en el Teatro Nuevo con un repertorio seleccionado para el mayor lucimiento de la comicidad de Orfilia Rico, con autores enormes como Alberto Vacarezza, Alberto Novión o Discépolo entre otros y en estas presentaciones se extreman los recursos “efectistas” a favor del humor.

En 1915 se presenta junto a “Pepe” y Blanca Podestá, también en el Teatro Nuevo con “Los espantapájaros” de Roberto Cayol y luego presentan “La viuda influyente” de Belisario Roldán, donde logran que del personaje de Orfilia Rico, que parodia a una señora de la aristocracia porteña llamada  “Susana Torres de Castex” hablase todo Buenos Aires.

Programa de Mano Cine Callao "Hasta después de muerta"
Entre 1915 y 1916 Orfilia Rico participa de dos películas de notable éxito en el incipiente cine mudo nacional; “Nobleza Gaucha” y “Hasta después de muerta” 

Esta última con actuación protagónica del “capo cómico” Florencio Parravicini y entonces, la idea de juntarlos sobre un escenario no se hace esperar; se suma Pablo Podestá y forman la “Compañía Rico-Parravicini-Podestá”  Nótese que el primer apellido es el de Rico, precediendo a dos enormes como Parra y Pablo, pero el verdadero duelo por las preferencias del público estaría sobre el escenario y si escribir para un capo cómico no era tarea fácil, equilibrar el lucimiento de tres parecía imposible. Estrenan primero en mayo de 1916 “Mamá Culepina” una obra de García Velloso y 45 días después estrenan “La llegada del batallón” de Sánchez Gardel que además dirigía la obra, tratando de equilibrar no sólo desde el texto sino también desde la puesta el lucimiento de los tres, pero sin lograr el verdadero trabajo en conjunto y la crítica no lo dejó pasar por alto. Hacia fin de año Pablo Podestá se retira y si bien Orfilia y Parra siguen juntos un año más en el Teatro Argentino, no obtuvieron durante 1917 ningún éxito destacable.


En 1918 Orfilia Rico vuelve a formar compañía propia, esta vez junto al actor Enrique Arellano y ocupa nuevamente el escenario del Teatro Nuevo. Allí representa “La loca de azul”  una obra de García Velloso, que pasó sin mayor pena ni gloria, pero promediando el año suben a escena “Delirios de grandezas” y aquí sí el éxito acompañó estando algo más de un año en cartel.

Durante 1920 vuelve a incorporarse a la Compañía de Pablo Podestá junto también  a María Esther Buschiazo y Enrique Arellano y no les va nada mal con “La fiera dormida” una pieza de Ricardo Hicken. Pero Ofilia Rico se siente afectada por algunas críticas, más bien del ambiente, que rumorean que Orfilia Rico no puede dejar de repetirse y ella confiesa sentirse un poco atrapada por su propia creación de personajes criollos y cómicos y Federico Martens le presenta una obra con otras exigencias y pese a que la aconsejaban sus allegados que no corriera riesgos, ella acepta ser la protagonista catalana de “Mamá Clara” y logra de inmediato el aplauso del público y el reconocimiento de la crítica.

El año 1922 marca lamentablemente la despedida para Orfilia de los escenarios; en marzo presenta “¡Criolla Vieja!” de Pedro y Benjamín Aquino, en el Teatro Liceo, luego  presenta  “Las señoritas Menchaca” de Martens y logra un último y contundente éxito con la obra de Goicochea y Cardone “Aquí mando yo”  El 30 de octubre de 1922 cuando había salido ya de su casa rumbo al teatro un ACV la deja hemipléjica, limitada a una silla de ruedas que no abandonaría nunca más. Desde su casa del barrio de Flores intervino en algunas emisiones radiales pero, claro, ya no era lo mismo.
El sábado 5 de Junio de 1926 desde las dos de la tarde se presentó en el Teatro Nacional un festival a beneficio y en honor de Orfilia Rico. Dentro del extenso programa, con primeras figuras del teatro rioplatense, se presentó “Mi hijo el Dotor” interpretando Blanca Podestá el personaje que Orfilia inmortalizara en su estreno. Orfilia Rico tuvo 4 hijos; Sarah, Carlos, Felix y Rodolfo, ellos aseguraron que su madre nunca perdió las esperanzas de recuperarse y volver a actuar, pero su vida se apagó sin lograrlo el 10 de octubre de 1936.




Lyda Borelli , la gran actriz italiana en Buenos Aires Año 1914

"La divina Borelli" la mujer fatal del cine mudo actuó en Buenos Aires 


Lyda Borelli , la gran actriz italiana actuó también en Buenos Aires, fue en el legendario teatro Odeón, junto a Antonio Gandusio y Ugo Piperno, del 15 al 31 de julio de 1914 con la obra “Guerra in tempo di pace”. Luego presentó “Salomé” de Oscar Wide en la misma sala y en Setiembre se presentó en el antiguo Teatro San Martin con “pochades francesas y vaudevilles alegres”  (comedias ligeras)  Borelli intenta filmar en Buenos Aires pero por razones contractuales no se lo permiten.  

La pieza de mi colección que hoy publico es el programa de mano del miércoles 22 de julio de 1914 de su presentación en el Odeón con “Guerra in tempo di pace”  




"La divina Borelli" cautivó a millares de espectadores del cine mudo italiano desde 1913 hasta 1918 y construyó una imagen de "mujer fatal" con títulos como Rapsodia Satánica, Fior di male, Malombra, Una noche en Calcuta.


El mismísimo Roberto Arlt la había admirado en cines del barrio de Flores y seguramente pudo verla actuar cuando en 1914 sube al escenario del Odeón, acompañada por Ugo Piperno (que luego en 1917 filmaría junto a Borelli La Storia Dei TrediciI) y Antonio Gandusio el actor italiano de espalda encorvada, cara irregular y voz grave que también alcanzara cierta fama interpretando comedias ligeras y luego dirigiendo obras de Pirandello.

Una semana después de presentarse en Buenos Aires la “Gran Guerra” se desata en Europa y Borelli duda en volver a Italia. Finalmente, en Octubre de 1914 parte hacia España. Al llegar la espera un reportaje  en la revista española EL CINE de noviembre de 1914  donde se lee:



“Se abre una puerta, y aparece una hermosa mujer, con la sonrisa en la flor de sus labios. Es alta sin exageración, de andar reposado, y con ademan suelto. Sobre el nácar de su carne brillan con reflejos de oro las hebras de su cabello. La reja de sus pestañas encierra el misterio de los ojos; enigmáticos ojos que deben saber mirar con amor en trances de ternura y rencorosos, como los del tigre en acecho, cuando la trágica hora de la venganza lo requiere.
Así es la mujer que se adelanta tendiéndome amigablemente la mano; así es Lyda Borelli.

— Perdone si le he hecho esperar,—me dice en correctísimo castellano.

— He nacido, como quien dice, en las tablas, pues toda mi familia forma una pléyade de artistas. El mio padre Napoleone, fue un gran actor dramático… El cinematógrafo en mí, es transitorio. A mi arte, el de la dramática, le tengo mucho amor para abandonarle; se pueden armonizar.

— ¿Cómo fue el dedicarse a la película?

— Primeramente, porque en el cinematógrafo hay un campo sin trillar que es el del verdadero arte. El público está cansado de tanto argumento policíaco. Esa serie de films en que intervienen ladrones de levita; en cuyo transcurso se inculcan y enseñan lecciones de pillería, tienen un sabor insano. ¿Por qué? Yo soy partidaria del drama humano, del que sea posible en la vida… Hasta ahora llevo hechas cinco películas.

— ¿Qué película hizo primero?

— Pero mi amor no muere. Y a continuación: El recuerdo del otro y La mujer desnuda.

— ¿Y en la actualidad?

— La última que he creado es la titulada Rapsodia satánica.

— ¿Tardará mucho en proyectarse?

— No le puedo decir, pero supongo que será pronto, porque sólo falta el poema musical del Maestro Mascagni.

— ¿Ha sido impresionada en América?

— No señor. En Roma.

— ¿Pues no viene usted de la Argentina?

— Si señor, de Buenos Aires; pero allí no he trabajado. Varias casas pidieron permiso a la que estoy escriturada que me consintiera actuar, y ésta, lo negó.

— Luego su labor ha sido teatral.

— Vuelvo muy contenta de la tournée, Figúrese que en el teatro Urquiza de Montevideo ¡me hicieron hablar! Yo creo que esta es costumbre muy americana, porque en Uruguay me sucedió lo mismo.

— ¿Qué arte de los dos que usted cultiva, le parece más difícil?

— Pues a decir verdad, no sé, porque a mi entender son dos artes completamente distintos. Ya ve usted Max Linder; en la película de su género, es insustituible, y en cambio en el escenario no pasa de ser una vulgaridad. Sin embargo, en la cinematografía se lucha solamente con la mímica mientras que en el teatro además de esto se necesita decir bien.

— Y esto mismo ¿no puede ser una ayuda que compense las deficiencias del gesto?

—A veces en lugar de ser ayuda, es estorbo. No lo creo. El público del cinematógrafo, que todavía se puede decir es juguete de niños, suele ser sencillo e ingenuo. En cambio en el teatro, la decoración varía. Ambos artes hablan a las colectividades y hay bastante diferencia de una a otra.

— ¿Que actores de films la parecen mejor?

— Para mi todos son buenos, pero mis simpatías se las lleva Napierkowska, Robinet, Max Dearly…

(¿Y de los españoles?)
— No puedo darle mi opinión, pues si bien conozco a Rosario Pino, Thuiller, Maria Guerrero y Mendoza y tengo de ellos un alto concepto, mis profecías tal vez resultasen equivocadas hablando del cinematógrafo.

— Y de los autores españoles…

— Otra pregunta que no puedo contestar y por la misma razón. He leído algo de Benavente, pero no para formular un juicio.

— Se ve que le gusta leer, estudiar…

— Esa es mi vida, en los ratos libres mi compañero es el libro.

— ¿Y quién mejor? Yo tenía noticias de que se casaba.

— No haga caso. Son rumores que por Italia corren cada dos meses. Por ahora conténtese con saber que no tengo ningún amor. ¡Con lo que me gustaría estar enamorada!

Y al decir esto Lyda eleva sus ojos misteriosos a las alturas y junta las manos como si de sus labios brotase una oración…

— Y bien. Desde aquí ¿adónde irá?

— Pues un mes al teatro Carignano de Torino. Y después quizá descanse un poco en Spezia, mi tierra.

— ¿Le gusta viajar?

— Mucho. Siempre encuentro emociones nuevas. En el vapor que me ha traído a España, en el Regina Elena, venían unos cincuenta alemanes que marchaban a incorporarse al ejército de su nación. Al llegar a Gibraltar, otro vapor inglés abordó al nuestro e hizo prisioneros a todos los subditos del Kaiser. Era una noche en que llovía torrencialmente. Una noche, que perdurara en mis recuerdos con la misma intimidad que el día que en Toledo visité la casa del Greco.
¡Si usted hubiese visto con que serenidad y resignación, aquellos alemanes, pasaban uno a uno por entre las bayonetas de los marinos británicos!
Desde nuestra cubierta les vimos llegar con la gorra en la mano hasta la borda del buque inglés. Y cuando ya sólo distinguíamos un borrón en la superficie del barco, llegó a nuestros oídos la tonada armoniosa, mezcla de salmodia y canción bélica del himno germánico que entonaban los prisioneros. En tanto, el vapor se alejaba, se alejaba… Créame señor Villán; entonces lloré, y ahora, usted lo ve, los ojos se me humedecen, Yo, que no soy ni francesa ni alemana, desde aquel momento reniego de la guerra…

He ahí lectores un corazón de mujer; ya conocéis un alma de artista; ya conocéis a Lyda Borelli.

Se hace una posse: nuestro fotógrafo senor Olalde dispara el magnesio, y un relámpago pone punto a mi grata visita.
Delfin Villán Gil (El Cine, 7 noviembre 1914)



"Los Ojos Negros" Sainete de José de Maturana Año 1914



Pasaje José de Maturana, Barrio de Monte Castro, Ciudad de Buenos Aires
Cerca de mi casa natal hay una callecita, apenas un pasaje, que lleva el nombre de José de Maturana. Entonces, en mis tiempos de niño, José de Maturana era para mi sólo eso; un lugar "piola" que quedaba justo a la vuelta de la casa de mi amigo "el Colo" donde podíamos jugar a la pelota a la salida de la escuela o cruzar de este a oeste o en sentido inverso haciendo piruetas con la bici, porque, total, no pasan autos, "si de escondido que está, al Maturana no lo conocen ni los de barrio."

Tardé demasiado en enterarme que José de Maturana era mucho más que un lugar "piola" Es que al igual que el pasaje, su nombre está escondido y no se ven sus sainetes sobre los escenarios, ni sus poemas en las librerías.
Sabemos que Maturana nació en 1884 y que vivió apenas 33 años, que frecuentaba los cafés de la época, donde se discutía "modernismo" y "anarquismo" y se profesaba el credo legado por Charles de Soussens a la bohemia porteña: “Me gusta pecar, si el pecado es noble y elegante; amo a las mujeres jóvenes, los libros viejos, los gatos de angora, el cognac Napoleón y, sobre todo, la libertad”

Cafe Los Inmortales
Álvaro Yunque consideraba a Maturana uno de los tres principales poetas del anarquismo, junto a Roberto Ghiraldo y Federico Gutiérrez
Ricardo Rojas así lo describía: "su silueta romántica: los ojos negros siempre absortos, las descarnadas manos siempre gesticulantes, la corbata oscura y suelta, como el cabello que ponía un halo de ensueño a su ancha frente pálida. El explosivo nombre de Kropotkin alternaba en sus labios con el melodioso nombre de Rubén Darío, a quien como todos los poetas jóvenes, admiraba."
Y de su trabajo como poeta y dramaturgo esto creía el mismo Rojas: "Si por sus poesías líricas Maturana es un poeta agradable aunque de no acentuada originalidad, en cambio su personalidad es característica dentro del teatro criollo, porque recogió la antorcha del drama poético, muriente ya en Martín Coronado"
Creo que de todos sus libros de poemas, aún es posible de encontrar en librerías de usados,  "Naranjo en Flor"
De sus obras dramáticas, entiendo que Argentores debe guardar muchas de ellas en su bliblioteca, (Las más conocidas: "¡Qué calor con tanto viento!" "El campo alegre" "La flor del trigo" y otras) ya que Maturana fue uno de los socios fundadores de la entidad y su primer bibliotecario; seguramente él mismo despositó allí varios ejemplares.


Recordemos que durante la primera década del siglo XX, Buenos Aires recibe una nueva oleada con varios miles de inmigrantes más, que la vuelven ya tan cosmopolita que es tierra de todos y esos todos están allí, retratados plenamente en nuestro teatro de sainete.


Maturana viajó un poco a la inversa, se fue a España en 1912, se encandiló con Andalucía, regresó hacia 1914 que es cuando concluye su sainete "Los Ojos Negros"  y tanto en la canción inicial, como en la construcción que hace del personaje Chicharito, demuestra la facinación que esa región de España le dejó a Maturana.
Del sainete diré que me parece muy interesante la descripción que marca la ubicación escénica, donde indica un doble espacio de acción, pués se trata de un local de cigarros de la época donde ocurren los hechos principales, pero el foro es el frente vidriado del salón que deja ver  los personajes en la calle también en acción permanente. Esto, a mi juicio, permitiría que el ritmo y los contrastes y las interrupciones justificadas de los diálogos le otorguen una vitalidad a la acción casi caótica, muy interesante si se la sabe aprovechar,claro está, desde la dirección.
La música para este sainete fue compuesta, nada menos que por Antonio de Bassi (esperemos que no esté perdida para siempre) Las obras de teatro que musicalizó de Bassi oscilan entre 350 y 400, representadas en las mejores salas y escritas por casi todos nuestros mejores autores.

"Los Ojos Negros",entiendo yo, solamente fue editado en la revista "El Teatro Nacional" Año IV Nro 40 del 9 de mayo de 1914, uno de esos ejemplares forma parte de mi colección y aquí está, desde ahora en Internet, porque vaya uno a saber, quizás con esta publiacación el nombre de Maturana no esté tan escondido, como la callecita de mi barrio, que no la conocen ni los vecinos y alguno se anime a reponerlo sobre un escenario.

¡Arriba el telón!