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"COMUNA BAIRES" De la utopía al exilio 1969 - 1974

Renzo Casali

Renzo Casali fue cofundador del “Centro Dramático Buenos Aires - Teatro Laboratorio- luego denominado grupo teatral Comuna Baires -  (1969) y de la Escuela Europea de Teatro y Cine (1977) y de Willaldea Green Village - il Villaggio del Teatro (1984) Como actor, dramaturgo y director teatral ha presentado espectáculos en los más importantes festivales internacionales. Trabajó en el cine como guionista, actor y director. Autor de textos teóricos sobre el teatro, la escritura y la dirección cinematográfica, ha trabajado en los Estados Unidos, Cuba, Argentina, Italia, España y Suecia . Hasta su fallecimiento en 2010 dirigió la Comuna Baires Agora Club de Milán.

El 5 de mayo de 1969, en la cortada San Lorenzo del barrio de San Telmo,  nació el “Centro Dramático Buenos Aires - Teatro Laboratorio” bajo la iniciativa, orientación y dirección de Renzo Casali, Liliana Duca y Antonio Llopis.  Cuarenta y cuatro actores lo conformaron y dieron lugar a una experiencia sin precedentes en el teatro argentino, al crear el primer grupo que desarrolló su trabajo actoral bajo la premisa del laboratorio. 
La revista Teatro 70 (También Comuna 70 y Cine 70 )formó parte de la experiencia, ya que la producción editorial fue muy importante para la agrupación y hoy esos ejemplares son piezas realmente de colección, donde escribieron además de Casali y Duca, escritores como Guillermo Gentile, Osvaldo Dragún, Alberto Adellach y se publicaron textos de Grotowsky, Jean Luc Godard y muchos más. De algunos de sus ejemplares de más de 200 páginas cada uno, como fuente principal de información para esta entrada, rescato del olvido, una parte importante de la etapa fundacional de "Comuna Baires" y aquí está:


En ese fundacional 5 de mayo de 1969 comenzó un trabajo inicial de esos 44 artistas y fue bajo la siguiente estructura de formación:
Improvisación I, a cargo de Renzo Casali
Gimnasia Conciente y Expresión Psicocorporal, (el actor como totalidad) dirigido por  Liliana Duca.
Improvisación II, (el actor desde el punto de vista del actor) dirigido por Antonio LLopis.
Ya en junio del 69 comienzan los ensayos de la obra de Casali "Los Hipocóndricos" y al mes siguiente hacen su debut en la ciudad de San Clemente del Tuyú.
Luego logran la primera creación colectiva titulada "Bachi".
En agosto fracasa un primer intento por transformarse en una comunidad cooperativa (objetivo que alcanzarán en 1971)
Invitados por la organización del "BITEF III" Belgrade International Theatre Festival - BITEF  Festival internacional de teatro dedicado a descubrir nuevas tendencias, viajan a Belgrado en setiembre del 69.
El grupo se afianza con seminarios, presentaciones en festivales y creaciones colectivas y en 1970 logran la primera edición de Teatro 70 y presentan "Water Closet" de Renzo Casali con dirección del autor y Liliana Duca


Una escena de Water Closet


 El grupo trabajaba intensamente las situaciones límites poniendo el acento en la violencia emotiva, se pretendía con ello obligar al espectador a lo que denominaron:  "identificación irracional con lo que está ocurriendo delante de sus ojos" Así, cuando el espectador intenta una explicación racional de lo que está sucediendo y de aquello que le está sucediendo a él como espectador, ya es tarde y entra en un torbellino donde se violenta la psiquis, el cuerpo y la moral y ya no es, entonces, solamente un tema teatral, sino una interpelación a cada espectador, un interrogante que sólo cada uno puede responderse.

Una escena de Water Closet
 
Pero no se quedaron sólo en los ensayos, la búsqueda permanente, la experimentación, la creación colectiva y las representaciones; a partir del 13 de abril de 1971 crearon, lo que bien podríamos denominar una célula económica autoabastecida, la “Comunidad Cultural del Centro Dramático Buenos Aires” conocida luego internacionalmente como la “Comunidad Baires” la primera comunidad artística sustentada y regida por principios comunitarios. ¿Cuáles eran esos principios?  Aquí están, sin cambiarles ni una coma, tal cual se aprobó en la  primera Asamblea Comunal:

PRINCIPIOS:
1)      Frente a la sociedad burguesa, que basa su filosofía en la explotación de los talentos manuales e intelectuales a través de la exageración de la individualidad competitiva, que provoca la atomización social mediante la cual logra perpetuarse, erigimos la Comuna como acto de autodeterminación ideológica.
2)      La Comuna, como hecho histórico emergente de los momentos decisivos de lucha de la humanidad – llámese sociales, políticos o artísticos – refleja hoy la opción dinámica que elegimos para permitir(nos) una auténtica libertad, y la posibilidad de desarrollar la potencialidad de todo hombre como creador.
3)      La Comuna provoca un conocimiento verdadero de las interrelaciones individuales, grupales y sociales que generan la confianza necesaria para la cooperación – concepto que oponemos al de competición – y en la que fundamentamos nuestra praxis de la creación.
4)      La Comuna elige la Creación como arma de lucha contras las estructuras del sistema que nos da origen.
5)      La Comuna – que surge del seno de la sociedad burguesa como cuestionamiento  dialéctico a sus estructuras – necesariamente pertenece al proceso revolucionario en acto, y se nutre de las luchas liberadoras de nuestro pueblo y de todos los pueblos del mundo.

Liliana Duca
 También la Comuna definió lo que denominaron: "Las bases convivencionales" 16 puntos que reglamentaban la vida en comunidad. Los 4 primeros tratan sobre la propiedad privada dentro de la Comunidad.

1)      La Comuna establece en su Primera Asamblea Comunal, la abolición de la propiedad privada.
2)      La Comuna establece que todos los ingresos externos actuales o futuros de los Miembros Comunitarios, todas las entradas actuales o futuras de cualquier tipo, fuese producto de un trabajo individual o colectivo, como así también los ingresos del Centro Dramático Buenos Aires, cualquiera de sus disciplinas actuales o futuras, pertenecen de hecho y derecho a la Comuna.
3)      La Comuna establece que todas las propiedades individuales, anteriores o posteriores a la creación del organismo comunal, todos los valores muebles e inmuebles, objetos de beneficio comunitario, instrumentos de trabajo y de creación de las distintas disciplinas actuales o futuras de Centro Dramático Buenos Aires, todo beneficio que proviniera de juegos, herencias provenientes de miembros comunitarios mayores de 14 años, son propiedad inalienable de la Comuna.
4)      La Comuna establece que son valores no comunales; todo objeto de uso personal, vestuario, objetos de uso higiénico e íntimo, donaciones extra-comunales, lo que implica que el miembro comunal no tiene obligación de comunizar sino es mediante su propia determinación voluntaria.


 "METAFORAS ANTROPOCENTRICAS" 
 También la comunidad elaboró una serie de pensamientos que denominaron Metáforas Antropocéntricas, aquí algunas de ellas:

Exigimos cultura, pero no somos tan ingenuos como para esperar. Entendemos que debemos tomarla con nuestras propias manos. Exigimos cultura porque cultura es sinónimo de libertad. A través de la cultura puedo pensar. Un hombre que piensa es un hombre libre. Esté donde esté. Incluso en una cárcel.

La cultura ha muerto y el hombre agoniza. No queremos pecar de maximalistas o tremendistas; simplemente invitar a una reflexión mediante una pregunta: ¿cuál es el grado cultural de nuestros hombres de ciencia, de nuestros hombres de la técnica, de nuestros gobernantes y políticos, de nuestros hombres del trabajo?

No nos engañemos: se financia la anti-cultura, no la cultura, no el pensamiento, no la creación. Cuando como hombre de teatro os preguntáis, hay que sostener una ideología del arte y de la cultura, ¿Cuáles son los actos coherentes con esos postulados?
¿Cuáles son las relaciones entre acto y pensamiento?


La Comuna Baires se desarrolló siempre con el gusto por la paradoja, por la búsqueda de provocación y de controversia, por la coherencia entre acción y pensamiento. Sobre todo con la violencia emotiva en escena, la participación del público, los finales abiertos – pero también en las formas de su propia existencia: las demandas, las huelgas de hambre, los temas, las ideas; con la experimentación comunitaria, afectiva y sexual, la contaminación de varias culturas y la elección de un libertarismo coherente.

Trabajando con obras de fuerte contenido político, la Comuna fue elegida para representar a la Argentina en el Festival de Nancy del ‘73 con Water Closet. Para poder financiar el viaje acudieron a los amigos y todos respondieron rápidamente; así fue como se organizaron recitales con artistas como Astor Piazzolla, Amelita Baltar, Edmundo Rivero, Marian Farías Gómez, Mariekena Monti y muchos más. También más de 25 artistas plásticos donaron obras para ser rematadas y hablamos de Borda, Audivert, Pérez Celis... Así fue como la Comuna embarcó hacia el viejo continente, en donde las dos semanas se transformaron en diez meses de gira. Aquí se había quedado un pequeño grupo que empezó a incorporar más personas. Y cuando los que habían partido de gira regresaron de Europa, a principios del ‘74, Renzo se encontró con un grupo mucho más grande, con un montón de gente que nunca había conocido. El tema es que tres meses después de volver, les llegó una amenaza telefónica en la que les dieron un mes de tiempo para dejar el país. Ante este peligro, se terminaron yendo 38 personas a Italia, gracias a unos pasajes que les consiguió un grupo de teatro italiano con el que se habían relacionado durante la estadía europea. Estos son algunos de los premios que allí recibieron:

Premio Internacional Vsevelod Meyerchold
Oro medalla de la ciudad de Lucca
Ángel de la concesión del año 2005 para la integración
Medalla de Plata de la Presidencia de la República, 2005
La concesión de la Orden Guerrero Teatral, 2006
Ambrogino de Oro de 2009

Actuando en Wisconsin en 1978
El viernes 9 de abril del 2010 la muerte alcanzó en la ciudad de Milán a Renzo Casali y el sábado 10 por la noche,  se celebró su funeral en la sala que el grupo tiene en Milán. Por voluntad de Renzo, fue una fiesta llena de música y lecturas de textos, en la que los amigos brindaron por su eternidad.

"Ollantay" de Ricardo Rojas, su estreno en 1939, con dirección de Cunill Cabanellas

Teatro Nacional de Comedia  (Teatro Cervantes) Año 1939

Ricardo Rojas, autor de “Ollantay,” nació en la Provincia de Tucumán en 1882 y se fue de la vida en Buenos Aires, el 29 de Julio de 1957, es por eso que el día 29 de julio se consagra en su homenaje como "Día de la Cultura Nacional". No egresó de ninguna Facultad, pero la mayoría de las Universidades de América le otorgaron el título de Doctor "honoris causa" Nadie puede dudar, entonces, de que se trata de uno de los intelectuales más importantes de Argentina y probablemente de América.  Su labor literaria abarca más de 40 obras, entre las que podemos hallar poesía, narrativa, crítica, ensayos, biografías de próceres argentinos y, por supuesto, también teatro, siendo “Ollantay” una de las obras más elaboradas de nuestra dramaturgia.  
Es la tercera obra dramática de Rojas; la primera fue "Elelin" drama de la conquista, representado por vez primera por la Compañia de Rivera - De Rosas en el Teatro Ateneo en 1929 y luego fue "La Casa Colonial" un comedia sobre la independencia patria, estrenada por la compañia de Eva Franco en el Teatro Liceo el 4 de junio de 1932.
Rojas publicó varios ensayos bajo el título "Estudios sobre Ollantay" en el diario La Nación durante 1937 y luego completó con otros capítulos para la Editorial Losada bajo el título "Un Titán de los Andes"  Esos textos fueron el origen de "Ollantay" 


Portada programa de mano de "Ollantay" en el teatro Nacional de Comedias. Año 1939 - Perteneciente a la colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com

Al mismo tiempo del estreno la Editorial Losada edita la obra completa, incluyendo las partituras musicales, las indicaciones del autor hacia cada uno de los intérpretes y, desde la página 9 hasta la 42, bajo el título de "Exégesis" nos explica Rojas clara y extensamente su obra y su trabajo de investigación y creación dramática.
Pero también el libro nos permite ver su espiritu profundamente americanista (en tiempos en que toda la intelectualidad argentina sólo miraba a Europa)  De esas 33 páginas del libro de Rojas me permito extraer estos párrafos:

"La personalidad de Ollantay apareció súbitamente en mi fantasía como esas figuras de los sueños, que necesitan ser descifradas en la vigilia razonadora. La vi diferente de como los eruditos la conocían, con el vigor de los héroes primitivos en quienes se inspiró la tragedia clásica. Esa imagen me obsesionó por mucho tiempo, aclarándose cada vez más, en la contemplación de su sentido dramático. Así la dejé vivir en mi mente, y con sólo dejarla realizar imaginariamente su destino, su acción alcanzó las formas del poema. Comprendí luego que se lo debía a América como una restitución y que para ello era menester representar ese misterio con los prestigios del arte"

 "Mi Ollantay funda su verosimilitud en documentos arqueológicos; no mezcla personajes indígenas con españoles; sus indios, suntuosamente ornados, son actores de una leyenda prehistórica en el ambiente de un mito trágico"

Una escena de Ollantay en el teatro Nacional de Comedias Año 1939 - Archivo Histórico del Teatro Nacional Cervantes


"Ollantay, cuyo nombre significa "el titán de los Andes" da título al poema porque su voluntad viril conmueve a todos los personajes del drama, pero no es menos sobresaliente la figura de Coyllur, porque ésta, la hija del Sol, ha despertado el amor del héroe. Coyllur (su nombre significa Estrella) parece vivir bajo la influencia erógena de la luna y cuando Ollantay la rapta, violando la ley del Inca, hijo del Cielo, ella es como una estrella caída en la tierra para nueva esperanza de los runas; los hombres aherrojados y doloridos a cuyo linaje pertenece el raptor."
 

Ollantay Primera Edición año 1939

"Yo me he apartado del Texto Quichua en la concepción de mi obra, porque aquél falsea la leyenda primitiva, y he preferido, como gérmen inspirador, la olvidada versión folklórica del Cuzco, confirmada por otra leyenda que el arqueólogo Wiener recogió en "Ollantaytambo", aunque las he completado en diversas fuentes arqueológicas, desarrollándola dramáticamente en sus consecuencias más genuinas. Así restaurado el mito autóctono, he creado sobre él una fábula nueva y un poema original"


"Hay en la tierra y en el tiempo misterios que el teatro debe revelar, como se los reveló religiosamente al pueblo griego. La leyenda de Ollantay nació en edades primitivas y mi poema aspira a mostrar el misterio de los Andes y su liberación, idealizando el mito telúrico del Continente en una obra de arte surgida de las más viejas tradiciones americanas"


"Desde el comienzo de mi trabajo advertí que la obra podía malograrse si yo no hallaba el punto de equilibrio entre las diversas sugestiones que entraron en su preparación. Yo no podía prescindir de la verosimilitud, para lo cual necesitaba el concurso de la arqueología y la filología, más no podía dejarme absorber por éstas. Debía intentar una restauración de colores históricos, pero estilizándola en el plano estético de la poesía. Al dar representación escénica a estos personajes arcáicos, fue menester infundirles un significado actual"




Primera página de un ejemplar del libro autografiada por el autor y casi todo el elenco

Primera página de un ejemplar del libro autografiada por el autor y casi todo el elenco

"Las primeras escenas contienen todo el drama; pero lo contienen como presagio, en un sueño del Inca. Al finalizar el primer acto, concluye la acción sobrenatural de las causas, y comienza en diversos planos de la realidad humana, el cumplimiento del pathos trágico. Los sucesos de los actos siguientes, interpretados a la luz del oráculo, superan la realidad anecdótica para elevarse a la categoría de símbolos. Planteado así el poema, quedaron fácilmente salvados los problemas de fondo, ya que el argumento americano coincidía sin esfuerzo con la naturaleza esencial del género, por la índole esotérica de su asunto; por el carácter primitivo de sus personajes semidioses, reyes, héroes; por la fatalidad del conflicto en la rebelión del hombre andino contra las leyes solares del Imperio; y hasta por la catástrofe final, necesaria y prevista"

"Desde los primeros episodios, la fatalidad gravita sobre Coyllur, bajo la doble forma de la ley del Inca y de la pasión del héroe. No la abandona en todo el curso de la obra, y ella misma, lo dice en el primer acto, cuando se produce la ruptura de su padre con Ollantay, y lo repite en la jornada del rapto (acto II) y en la jornada del rescate (acto III) y en la jornada del castigo (acto IV)"




Parte de las partituras publicadas por Rojas en el libro de Editorial Losada para la representación de Ollantay


Ollantay es una obra que no hubiese podido representarse si no acudía en su realización un teatro oficial, no sólo por el presupuesto de producción que implica, sino también por la temática, que no sería atractiva para el teatro comercial de 1939, pero profundamente necesaria para afianzar el americanismo en la identidad nacional. Tal es así, que por indicación de Rojas, la obra comienza con la sala a oscuras y telón cerrado, con la estrofa del Himno Nacional en off, que dice:

"Se conmuven del Inca la tumba
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor"

Afortunadamente Rojas puso su obra en las manos de don Antonio Cunill Cabanellas que supo dirigirla y llevarla a escena con presupuesto oficial. 
Pero ubiquémonos en la noche del 28 de julio de 1939, e imaginemos como el Teatro Nacional de Comedia (Teatro Cervantes) dependiente de la Comisión Nacional de Cultura, se prepara para el estreno de “Ollantay”


Boleteria Teatro Nacional de Comedias año 1939 Archivo Histórico del Teatro Nacional Cervantes

Algunos técnicos de radio el Mundo ultiman los detalles para la transmisión “en vivo” de la función.Los periodistas que cubren el estreno saben dónde mirar; buscan la presencia del autor y del presidente de la Comisión Nacional de Cultura.

Confitería del Teatro Nacional de Comedias Año 1939 - Archivo Histórico del Teatro Nacional Cervantes

El Teatro Nacional de Comedias contaba entonces con una confitería y, quizás, café mediante, en esa noche del estreno, se encontró Ricardo Rojas frente a uno de sus mayores enemigos políticos; el doctor Matías Sánchez Sorondo, que nueve años atrás lo había enviado preso por razones políticas, al penal del fin del mundo, en Usuhaia, Tierra del Fuego. Los periodistas se preguntarían cómo ahora podían estar juntos.
Sólo un hombre de prestigio como Cunill Cabanellas, con una idea muy clara del rol del teatro oficial, podía ser la respuesta. 
Pero para contar esa historia nada mejor que Rómulo Berruti, que publicó un testimonio en el libro de Beatriz Seibel "Historia del Teatro Nacional Cervantes" y que, gracias a la generosidad habitual de Rómulo Berruti con este blog, podemos compartir aquí:


"Cuando el teatro le ganó a la política" por Rómulo Berruti
Rómulo Berruti
Quiero reverdecer los relatos de mi tío, el autor, director y elemento clave en el nacimiento de Argentores, Alejandro Berruti, en torno a la creación del Teatro Nacional de Comedias, porque todo el proceso incluye hechos curiosos que han sido olvidados. Ya estaba designado el hermosísimo teatro construido por María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza como su sede y en el 36, el Presidente de la Comisión Nacional de Cultura resolvió que esa sala debía ponerse en marcha sin demora para albergar un elenco oficial. Hasta aquí pura rutina administrativa. Pero las cosas no iban a ser nada fáciles. Como el teatro tiene su bien ganada fama de cuestionador y molesto para el poder, de lo cual la historia registra muchos ejemplos, esto de activar el Cervantes se convirtió en una piedra en el zapato. ¿Por Qué? Porque el presidente de la Comisión Nacional de Cultura era Matías Sanchez Sorondo, un conservador arquetípico, exponente nítido de su clase y de su tiempo: aristócrata criollo de pura cepa, representante de la derecha menos flexible, ostentaba dotes naturales de autoridad y 
Dr. Matías Sánchez Sorondo
capacidad organizativa, por lo cual se instaló en la Comisión Nacional de Cultura con mucho peso. Sin embargo, consultó con la gente de teatro acerca del posible director para el flamante Nacional de Comedias. Hubo mucho consenso en mencionar al español Antonio Cunill Cabanellas, llegado hacía poco al país  y por supuesto, republicano. Venía con prestigio profesional y libertario, se lo consideraba un innovador y los consejos más sabios fueron a su favor. Pero don Matías, cuello duro, impecable traje cruzado de tela inglesa, alfiler de corbata y quevedos, puso el grito en el cielo: ¡Un republicano!. Era una espina atravesada en su garganta. Por lo que se dijo primero que no, luego aceptó charlar con él sin comprometerse a nada. La entrevista fue cordial y Cunill, seductor nato, logró caerle bien. Le describió lo que para él debía ser una sala oficial, hizo alarde de su oficio y quedaron en volver a reunirse. En el segundo encuentro, Sánchez Sorondo le ofreció el cargo ya en forma oficial. Arreglaron, se supone, condiciones generales y sueldo. ¿Todo bien? Más o menos. Porque cuando el funcionario le preguntó si había alguna cosa que no se hubiera conversado,el catalán, con sus ojitos chispeantes y la vocecita inconfundible, le dijo:
Antonio Cunill Cabanellas
- Sí, hay algo más. Los ambitos oficiales suelen generar intermediarios que quieren meterse en todo. Yo he de ser el único que mande del escenario para adentro y eso, doctor, lo incluye a usted.
Don Matías pegó un respingo, tal vez los quevedos hayan cabalgados nerviosos sobre sus nariz, guardo silencio unos segundos y luego huyó hacia delante:
- ¿Quiere mandar y se siente capaz? Otorgado.
¿Todo bien? Más o menos. Porque Cunill guardaba munición en las cartucheras y decidió usarla.
- Algo más, señor. Me parece decisivo que el administrador general sea también un hombre de teatro, ya que para habilitar presupuestos y manejar los papeles hay que conocer el tema, esto tiene requerimeintos propios que mezclan siempre lo económico con lo artístico.
Sanchez Sorondo replicó:
Alejandro Berruti
- Pero el que sabe de números no sabe de teatro.
- No siempre - dijo Cunill - hay un autor y director que es también, por sus primeros trabajos, un experto contador.
- Ajá, ¿ Y quién es? 
- Alejandro Berruti.
- ¡Pero es el autor de "Madre Tierra" un dramón socialista que hasta Nicolás Repetto ha usado en campaña!
- Sí, en efecto.
Admitamos que para un funcionario conservador y de alto rango, era bastante. Pero con todo, como parte de sus planes al frente de la Comisión de Cultura figuraba tal vez lucir cintura política, no lo bochó. Mi tío Alejandro fue citado, conoció la opinión de Cunill y preguntó que había pedido el español como condición para trabajar sin ataduras en la compleja misión que lo esperaba.
- Ser el único que mande del escenario para adentro.
- Bueno, yo quiero lo mismo del escenario para afuera y eso también lo incluye a usted.
Esta vez Sánchez Sorondo no pudo menos que reírse:
- Dígame, como presidente de la Comisión Nacional de Cultura y, por lo tanto, autoridad máxima del Cervantes, ¿podré, al menos, ir a ver alguna función?
Ricardo Rojas
La relación duró casi diez años. Con algunos roces a veces, pero las condiciones se cumplieron y se hicieron excelentes espectáculos que dejaron esta etapa en el recuerdo. Hubo una única colisión: Cunill decidió que el Cervantes debía estrenar "Ollantay," la tragedia indigenista de Ricardo Rojas, uno de los intelectuales más respetados de América. A eso se resistió en principio Sánchez Sorondo porque eran enemigos políticos irreconciliables. También se negó el escritor, de militancia radical, a quien Matías Sánchez Sorondo había hecho encarcelar en el sur. Los buenos oficios de Cunill, gran diplomático - pasó muchas tardes bebiendo té en la casona de la calle Charcas, réplica de la del Tucumán donde vivía Rojas, hoy museo. - fueron acercando las posiciones. Ollantay se hizo en el Cervantes, pero además Sánchez Sorondo y Rojas vieron el estreno juntos en el mismo palco. El teatro había vuelto a ganarle a la política"
 
Antonio Cunill Cabanellas


Programa de mano de "Ollantay" en el teatro Nacional de Comedias. Año 1939 - Perteneciente a la colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com
Programa de mano de "Ollantay" en el teatro Nacional de Comedias. Año 1939 - Perteneciente a la colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com
FICHA TÉCNICA según programa:




Ollantay en la memoria Carlos Gorostiza:  

Carlos Gorostiza
De su libro "El merodeador enmascarado. Algunas memorias" -  Planeta - Bs. Aires. 2004
Publicado también en el libro "Historia del Teatro Nacional Cervantes" de Beatriz Seibel. Editado por Inst. Nacional de Teatro- Bs. Aires - 2012

"Corre el año 1939. El adolescente dobla la esquina de las calles Libertad y Paraguay y se detiene. Allá, donde Libertad se cruza con Córdoba, se levanta el templo. Una multitud de impacientes fieles cubre las puertas de entrada, la vereda y parte de la calle. El adolescente sigue avanzando sin dejar de mirar el templo. Es allí, detrás de esos muros con herencia hispánica, donde todas las noches actores y espectadores se congregan para celebrar un acto ritual de profunda raigambre americana.
Fue hace pocos días que el telón se levantó por primera vez en aquel escenario enorme. ¿Enorme? Infinito. Porque la tierra incaica del escenográfo era infinita. Y su cielo, infinito e incaico también. Azul, creo, azul. Era necesaria tanta infinitud azul, tal vez, para poder acoger la voz profunda y tenue de la Ñusta de Luisa Vehil. Y las otras voces del Ollantay que áun hoy el adolescente de entonces recuerda: las de Acchiardi, Battaglia, Ferrario, Marga, Perrone, Ferrandíz, Gomez Cou, Faust Rocha, Gil Quesada. Y la música de Gilardi. Y sobre todos ellos, o detrás, la voz intuida o adivinada de Cunill Cabanellas. Y más atrás aún, el apoyo invisible de Alejandro Berruti. Eran tiempos - aquellos de Ricardo Rojas - en los que las voces no sólo eran distintas: también decían otras cosas. El adolescente se confunde con el gentío que pronto colmará la sala del teatro cervantes. Cada una de las últimas tres semanas ha ido ahorrando el peso moneda nacional que le permite asistir, sábado tras sábado, a la ceremonia teatral. Ahí está, ya frente a él, el templo. Es quizás en este momento cuando empieza a nacerle esa emoción extraña que lo hace felíz.

Programa de mano de "Ollantay" en el teatro Nacional de Comedias. Año 1939 - Perteneciente a la colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com
Para finalizar, quiero recordar este pensamiento de Rojas; su americanismo en los años 30 es una muestra más de que fue un adelantado en todo: 
"Claro es que todo el espíritu de América no se reduce a la leyenda autóctona, como no se halla en las expresiones efímeras o anómalas de su actualidad cosmopolita.  La meta del porvenir no se iluminará para nuestros pueblos, sino a la luz de una tradición sin exclusiones. Nuestra América- y dentro de ella la Argentina - alcanzará la plena liberación mediante el conocimiento vivo que le dan las imágenes de sí misma, en la sucesión de todas sus etapas históricas... "
Ricardo Rojas
       

Carmen Amaya, su última vez en Buenos Aires. Año 1962

Carmen Amaya en una fotografía supuestamente autografiada (Amaya no sabía escribir.)



A Carmen Amaya ya le he dedicado otras publicaciones en este blog, (ver en el buscador) pero esta creo que es especial, ya que intenta recordar la última presentación que hizo en Buenos Aires en 1962. Luego esta ciudad que tanto la admiró, la vio partir hacia Barcelona y al año siguiente se consternaba al saber de su deceso. Ella, desde su primera vez en el teatro Maravillas en 1936, supo cautivar al público argentino y repitió en 1962 lo que hizo siempre; colmar la sala con admiradores que se facinaron con sólo verla salir a escena. 

Sobre su baile  ha dicho Francisco Hidalgo Gómez (de la Asociación de Críticos de Arte Flamenco)  “Carmen Amaya prodigaba el nervio y la velocidad; rompía el quietismo anterior de las bailaoras y, sin embargo, seguía al pie de la letra la estructura de los bailes tal como eran. Su manera de bailar parecía anárquica, intuitiva, pero sólo lo era en apariencia. El baile suyo parecía concebido más como necesidad espiritual y estética que como mero ejercicio profesional. Baile que revolucionó los conceptos del  flamenco del momento, que fue la interpretación más violenta y de mayor fuerza que se ha hecho del flamenco. Dramáticas contorsiones, impresionantes desplantes. Temperamento que la abstrae de todo lo que la rodea y que hace que el tiempo se detenga para quien la ve, que hace que se pierda todo sentido de la propia existencia exterior. Sólo se rige por su inspiración. Nerviosidad y celeridad en sus zapateados - nunca nadie hasta hoy ha logrado un zapateado a su velocidad -, en los brazos que mueve incansablemente, en las violentas sacudidas de cabeza, en la expresión de su cara. Se iban los ojos detrás de aquel huracán que parecía iba a desbordar el escenario. Donde había una vuelta daba dos, y violentas. El baile de Carmen, sin embargo, era un baile serio a pesar de la turbulencia que la rodeaba. 
Su compás era de acero, con un sentido prodigioso del ritmo, con un tempo rigurosísimo, que deleitaba por su perfecta exactitud en un torbellino de movimientos. Nunca nadie ha dado las vueltas como ella, con tanta rapidez como perfección, haciéndolas todavía más difíciles cuando se permitía su formidable vuelta quebrada hacia atrás que nadie más que ella ha hecho. Improvisaba a menudo, siempre creaba algo sobre la marcha, y de pronto sincronizaba con los demás con una llamada que invitaba a pararse en el momento más crucial. Carmen poseía el dominio más absoluto del son, combinando el de planta con el de golpe y tacón. Su ejecución del redoble hacia atrás en el zapateado, el taconeo acompasado, fue única y perfecta.”
Amaya junto a Paquita Bustos, Luis Sandrini


El amor de "La Capitana" y de su público en Argentina era incondicional y recíproco, debe ser por eso que a pesar del mal año que fue 1962 para la Argentina, Amaya no faltó a la cita y es importante aclarar cual era el contexto que la recibía.
Aquel fue el año en que el argentino medio miraba azorado, como la comedia se trasladaba de sus escenarios naturales a la Casa de Gobierno; es que el 29 de marzo de 1962 el país sufre un nuevo golpe militar, pero esta vez con ribetes tragicómicos; el presidente constitucional, Arturo Frondizi, detenido por los militares se negaba a renunciar estando ya detenido e incomunicado en las Isla Martín García. Eso llevó al agotamiento físico a los líderes golpistas quienes se fueron a dormir antes de asumir formalmente el poder. En la mañana del 30 de marzo, el general Raúl Poggi, se dirigió a la Casa Rosada para hacerse cargo del gobierno, y se sorprendió con el hecho de que los periodistas le comentaban que un civil, José María Guido, había jurado esa misma mañana como presidente de la República, en el palacio de la Corte Suprema de Justicia que había considerado el caso como de acefalía y le impuso a Guido el cargo. Entre incrédulos, sorprendidos e indignados, los militares golpistas y dormilones terminaron aceptando a regañadientes la situación, pero le impusieron un gabinete económico que incluía a figuras como José Alfredo Martínez de Hoz y Federico Pinedo que produce de inmediato una muy fuerte devaluación del peso, renuncia a los pocos días y asume Álvaro Alsogaray, el desánimo en la población era enorme.
Alfonso Paso
El panorama, entonces, en los escenarios porteños en concordancia con su sociedad, también se presentaba opacado: Margarita Xirgu vino desde Montevideo para dirigir “La Dama Boba” y no le fue todo lo bien que se esperaba, lo mismo sucedió con Lola Membrives con su reposición de “Bodas de Sangre”  Tampoco “El Caballero de Olmedo” muy bien montado en el teatro General San Martín, consigue los favores del público. Ante semejante clima de desaliento social, no es casual entonces que dos, de los que si tuvieron éxito en esa temporada, llevasen la firma del comediógrafo español Alfonso Paso, que distendió el gesto del espectador, con dos comedias amenas y divertidas; “Cosas de mamá y papá”  interpretada por la gran Niní Marshal que comenzó con mucha concurrencia en el recordado Teatro Odeón, luego bajó un poco su convocatoria, pero que en una gira de 16 días por las provincias recaudó casi un millón de pesos (5.000 espectadores, aprox.) La segunda comedia de  Alfonso Paso se presentó en el viejo Teatro Empire; “Vamos a contar mentiras” con Diana Maggi y Manuel Sabatini en los principales papeles (a Sabatini lo sustituyó luego por irse de gira el gran Ubaldo Martínez) Si en la primera parte de la obra el espectador se reía con ganas, en la segunda parte, que era realmente desopilante, se olvidaba por un buen rato de Alsogaray, de Guido y de todos sus problemas. 

Carmen Amaya

Es en esta situación y promediando ya la temporada, cuando el empresario Enrique Kotliarenco, esposo de la cancionista española María Antinea y gran conocedor de la plaza teatral porteña, a pesar de la devaluación del peso que encarece la presentación de artistas de renombre internacional, decide apostar muy fuerte y presenta en el escenario del españolísimo Teatro Avenida, a quien nunca ha defraudado en ninguna sala y mucho menos en Buenos Aires; Carmen Amaya, “La Capitana"
El debut fue el 9 de Julio, fecha patria para los argentinos, como si la fiesta que siempre fue ver a "La Capitana" le pusiese alegría a la Argentina triste de ese tiempo.
Aquí está el programa de mano de aquella última vez en Buenos Aires.


 Como vemos, el programa de mano es de una impresión económica, de papel liviano, sin la calidad que semejante artista merecía, seguramente también producto de la crísis, pero lo importante es que ella estuvo y acompañada por un buen elenco en una revista musical de 12 cuadros que firmaron María Huesos y Jorge Closas

Celeste Crijo y Héctor Gagliardi
Vemos que la acompañan, además de los artistas flamencos y bailarines del Clan Amaya, las bailarinas del Teatro Avenida y artistas como Héctor Gagliardi, poeta arquetípico porteño, que gracias a la radio y a sus presentaciones en clubes y teatros, era ya un personaje de la mitología porteña. Decía sus poemas como quien habla suspirando y seguramente le dedicó alguna de sus creaciones a Carmen Amaya y de alguna manera él la presentaba. También vemos a Celeste Grijo; de la que se dice que fue una especie de Betty Boop española, cancionista ella, que dejó España en tiempos de la guerra y se radicó en Chile con relativo éxito.


El próximo año 2013 se cumplirán 50 años de la desaparición física de Carmen Amaya, sabido es que en muchas ciudades de España se preparan diversas conmemoraciones, sería de esperar que aquí tambien reciba un nuevo aplauso esta artista excepcional, porque Buenos Aires no la olvida.
Recomiendo a todos quienes quieran acercarse un poco más a la figura de Carmen Amaya, visiten el sitio:




"Becket, El Honor de Dios" Lautaro Murúa, Duilio Marzio y Norma Aleandro en el Teatro San Martín. Año 1963

Anuncio gráfico de "Becket El Honor de Dios" 11 de octubre de 1963

"Becket El Honor de Dios" de Jean Anouilh se estrena en la sala Martín Coronado, del Teatro Municipal General San Martín (la mayor de las tres salas del teatro con una capacidad para 1049 espectadores) el 11 de octubre de 1963.  Un día después asume la presidencia del país el Dr. Arturo Illia.  Es decir que las autoridades del teatro sabían, desde varios meses antes, que no estarían en sus puestos todo el tiempo en que la obra permaneciese en cartel; serían pronto reemplazados por aquellos que designen desde el nuevo gobierno. Quizás haya sido por eso que, de los 115 millones de pesos que las autoridades del teatro tenían de presupuesto anual, a octubre apenas habían utilizado 54 millones y, además, 20 millones ya les habían reingresado por venta de entradas de esa temporada. (Comparemos; el valor de un departamento de 3 ambientes en pleno barrio de Caballito era de $1.250.000) Un Presupuesto más que suficiente para hacer las cosas bien. 

Mario Rolla, con apenas 38 años de edad a ese entonces, encara el desafío de la dirección de una obra de muy difícil puesta, ya que si se pretende seguir fielmente el original de Jean Anouilh, habrá que resolver, por ejemplo, como una barca con dos personajes a bordo desaparece bajo una ola  y como varios actores se presentan a caballo en más de una escena y vérselas con un total de 26 cuadros con cambios de escenografías, iluminación, vestuarios, etc. además de un texto nada fácil. Pero seguramente a Rolla este tipo de desafíos no le disgustaban demasiado, ya que años después, en el verano de 1975, aprovecha la escenografía natural de la Plaza Roberto Arlt, para montar allí la obra “Plaza hay una sola” de Diana Raznovich. La obra estructurada en 8 partes, la presentó en 8 espacios diferentes de la plaza simultáneamente, así el público se agolpaba en cada escena y podía seguirlas alternadamente y en el orden que quisiera.


Portada del Programa de mano
La escenografía estuvo a cargo de Mario Vanarelli que ya tenía en su haber más de 50 trabajos escenográficos en cine y muchos más en teatro. Se había iniciado muy joven,apenas egresado de la Academia Argentina de Bellas Artes, en el teatro Odeón al poner en escena varias obras de la Comedia Francesa, por aquellos días de visita en Buenos Aires.  Vanarelli fue el escenógrafo preferido de Narciso Ibáñez Menta, que lo convocó tanto para sus puestas teatrales como para sus obras televisivas. 
Duilio Marzio Pieza autografiada

Para su versión de Becket contaba Mario Rolla a su favor con la profesionalidad de un elenco de artistas ya reconocidos; Lautaro Murúa, Duilio Marzio,una joven Norma Aleandro, y una actriz, a la que Rolla había hecho debutar en teatro con "Yerma", la señora Alicia Berdaxagar.  Es justamente ella quien en un reportaje a Luis R. Calvo recordaría así aquel trabajo: "Cuando estuve por ejemplo en el elenco del Teatro General San Martín, entrábamos a las dos de la tarde y salíamos  a las 12 de la noche. Ensayábamos, había un descanso y hacíamos la función de la noche, era un entrenamiento muy grande el que se hacía" 
 


Interior programa de mano

Y esto? 
En el programa vemos publicados dos comentarios, uno del dramaturgo y director Gastón Baty y el otro de  Bertrand Poirot Delpech, reconocido crítico de espectáculos de "Le Monde" en esos tiempos, pero Gastón Baty falleció en 1952 Jean Anouilh escribe Becket en 1959. ¿Cómo pudo Baty hablar de una obra que se escribiría siete años después de su muerte? ¿espiritismo? ¿o es, acaso, el ejemplo que nos muestra la desidia de autoridades en retirada, capaces sólo para el error? Agradeceré que si alguien tiene alguna respuesta a estas preguntas, favor de hacérmela conocer.








Llegó el estreno y tanto trabajo y talento pareciera ser que no alcanzó; al menos para algunas críticas, como las del diario "La Nación" que sólo rescataron el trabajo de Duilio Marzio, pero condenaron desde la escenografía, de la que se dijo que era de pésimo gusto, hasta los trajes de Begara Leumann de los que se dijo que le sobraban cascables. De Norma Aleandro se dijo que era impávida, casi una estatua. Una obra difícil y un grupo de artistas muy talentosos, (¿quién puede dudarlo?) que pese a tantas horas de ensayo, como contaba Alicia Berdaxagar, no pudieron lograr una buena crítica. No obstante el público acompañó en buena medida. Es que el teatro no tiene fórmulas y el éxito es siempre un secreto que nadie conoce.


 LA OBRA:
Jean Anouilh
La obra de Jean Anouilh toma el personaje histórico de Tomás Becket también llamado Santo Tomás de Canterbury, que fue  Arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra durante el reinado de Enrique II 
Becket muere asesinado el 29 de diciembre 1170. 
Este martirio de Thomas Becket y la ambición de poder que le dio origen en aquella Inglaterra del siglo XII ya había quedado magistralmente plasmada en 1935, en la obra del gran poeta Thomas Stearns Eliot, (Premio Nobel de Literatura) bajo el título: “Asesinato en la Catedral” con mucho más rigor histórico.
Anouilh, en cambio, se permite despegarse un poco más de la verdad histórica y construye un drama que reflexiona sobre las honduras del alma humana, las tentaciones del poder y la relación entre el poder secular y el eclesiástico. Expone la frecuente discordancia entre dos fuentes de legitimidad: la de la Iglesia y la del Estado, lo temporal y lo intemporal; una discordancia que ha existido siempre, poniendo de manifiesto el dramático esfuerzo del Arzobispo por salvaguardar el honor de Dios, frente al presunto honor de su Príncipe
La analepsis inicial (o flashback, como prefieren algunos denominar a una escena retrospectiva) nos coloca ante la sepultura de Becket:


ACTO PRIMERO
CUADRO PRIMERO
La Catedral. Fondo neutro. Columnas esparcidas. La tumba de Becket, en mitad del escenario. Una losa con su nombre esculpido.
(Dos soldados se apostan a lo lejos. Entra El Rey con su corona. Un Paje le sigue a distancia. El Rey duda un momento. Se quita el manto. Torso desnudo. Cae de rodillas, rezando ante la tumba. Detrás de las columnas, entre las tinieblas, adivinamos unas sombras inquietantes.)
EL REY:
Tomás Becket, ¿estás contento? Aquí me tienes, desnudo, esperando a los frailes de tu Orden. ¡Qué fin más triste ha tenido nuestra historia! Tú, pudriéndote bajo esa losa, con el cuerpo atravesado por los cuchillos de mis barones, y yo aquí, como un cretino, con el torso desnudo, expuesto a las corrientes de aire, esperando a que tus frailes vengan a azotarme. ¿No hubiera sido mejor habernos entendido?
(Becket, vestido de arzobispo, como el día de su muerte, surge tras una columna.)
BECKET: (Dulcemente.)
No podíamos entendernos.
EL REY:
Yo te dije: “Todo, excepto el honor del reino.”
BECKET:
Y yo te contesté: “Todo, excepto el honor de Dios.” Era un diálogo entre sordos.


A Becket lo obsesiona buscar su honor mientras sirve a un rey que en verdad no es el suyo:




BECKET:
¡Si fueras mi verdadero príncipe! Si fueras de mi raza ¡qué sencillo resultaría todo! Te hubiera rodeado de una auténtica ternura... pero yo soy como un intruso en tus filas. Duerme, duerme... Mientras Becket se vea obligado a buscar su honor estará a tu lado. Pero si un día lo encuentra... (Pausa.) ¿Y dónde está el honor de Becket?
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Becket es nombrado canciller y deberá tomar en sus manos el honor del reino :




EL REY:
Señores: se abre el consejo. Os he reunido para tratar sobre esa incomprensible negativa del clero a pagar el impuesto de ausencia... Quiero saber quién gobierna el reino: la Iglesia... (El Arzobispo hace un gesto.) En seguida, señor Arzobispo. La Iglesia o yo. Bien, pero antes de entrar en el fondo de la discusión, quiero daros una buena nueva. He tomado la decisión de restablecer el puesto de Canciller de Inglaterra y Guardián del sello de los tres leones, y concedérselo a mi leal servidor y súbdito Tomás Becket. (Becket no puede evitarlo y, sorprendidísimo, se pone bruscamente en pie. El Rey, bromeando.) ¿Qué te ocurre, Becket? ¿Una necesidad imperiosa? No me extraña. Anoche bebimos mucho. Puedes salir. (Le mira divertido. Becket no se mueve.) Por fin he logrado sorprenderte con algo, ¿eh?
BECKET: (Se arrodilla ante él.)
Príncipe mío, el título que me habéis concedido es una muestra de confianza de la cual temo no ser digno. Soy demasiado joven para un cargo que...
EL REY:
¿Es que yo soy viejo? Eres joven, conforme, pero has estudiado mucho y sabes más que todos nosotros juntos, incluyendo al Arzobispo. (El Arzobispo hace un gesto.) En cuanto a su vida y costumbres, monseñores: bebe, sí, bebe...; le gusta divertirse, pero piensa todo el tiempo. A veces me molesta sentir cómo piensa a mi lado. Levántate, Tomás. Yo no tomaba una decisión, no movía un dedo sin tu consejo, era un secreto; desde este momento será público. (Estalla en risas. Saca algo del bolsillo y se lo alarga a Becket.) Toma: el sello con los tres leones. Ese sello es Inglaterra. Si lo perdieras, Inglaterra dejaría de existir y tendríamos que volvernos a Normandía. No lo pierdas... Ahora, ¡a trabajar!


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Becket efrentará hábilmente al Clero desde su función de Canciller defendiendo el honor de Inglaterra:

BECKET:
La noticia más grave es que desde que hemos abandonado Londres, y hemos pasado al continente, hay un poder en nuestro país que está creciendo de manera alarmante con peligro de anular el vuestro. El poder del clero.
EL REY:
Al final conseguimos que pagasen el impuesto.
BECKET:
Ellos saben que a los Reyes se les calma con unas monedas de plata; pero también saben tomar con una mano lo que sueltan por la otra. Y con habilidad de escamoteadores. Tienen tras ellos siglos de experiencia. Si no ponéis remedio habrá dentro de cinco años dos Reyes de Inglaterra: el Primado de Canterbury y vos. Y en diez años sólo un Rey...
EL REY:
¿Yo?
BECKET:
No. El Primado de Canterbury.
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Becket es nombrado contra su voluntad Arzobispo de Canterbury,  deberá tomar ahora en sus manos el honor de Dios.
EL REY:
Gracias. Levanta. (Lee.) ¡Buenas noticias! Tenemos un enemigo menos. (A Becket que entra muy alegre.) ¡Becket!
BECKET:
Todo está en vías de arreglo, señor. Tropas de refuerzo se encaminan a la ciudad.
EL REY:
Tú lo has dicho. Todo está en vías de arreglo. ¡Dios no nos ha vuelto la espalda! Acaba de llamar a su lado al Arzobispo de Canterbury.
BECKET: (Recibe un golpe)
¿Eh? ¡Pobre! Cuánta fuerza y obstinación en su débil cuerpo.
EL REY:
Bueno, bueno, no malgastes tu pena y considera la noticia como excelente.
BECKET:
Fue el primer normando que se interesó por mí. Se portó como un padre. Dios haya recibido su alma.
EL REY:
Así sea. A Dios, después de todo, le será más útil que a nosotros. (Le atrae hacia sí. Desfigurado). ¡Becket! ¡Qué idea extraordinaria revolotea alrededor de mi cabeza! No sé lo que me ocurre hoy por la mañana, pero pienso con más claridad. ¿Será por haber pasado la noche con una francesa? ¿Estás seguro que no me hará daño tener ideas geniales? Tomás, ¿me oyes?
BECKET: (Sonriendo divertido.)
Sí, príncipe mío.
EL REY: (Excitado como un niño.)
Escucha. La ley impide que yo me inmiscuya en los privilegios del primado. ¿Me escuchas?
BECKET:
Sí, príncipe mío.
EL REY:
Pero si el primado... ¿cómo diría yo? Es algo mío. Si el Arzobispo de Canterbury está a mi lado, ¿en qué podría molestarme su poder?
BECKET:
Bien. Pero no olvidéis que la elección es libre.
EL REY:
¡No! Por primera vez estás equivocado. Cuando el candidato no es persona grata al Trono, el Rey envía un emisario a la asamblea de obispos. Y es el Rey el que tiene la última palabra. Hace cien años que esa asamblea no ha elegido a ningún arzobispo contra la voluntad del Rey.
BECKET:
Les conocemos a todos. ¿En qué obispo confiáis? Con la mitra puesta, una especie de vértigo se apodera de ellos.
EL REY:
Pero yo sé de alguien que no conoce el vértigo, que tiene la cabeza bien sentada sobre los hombros. De alguien que no teme ni el furor del cielo. Tomás, hijo, te necesito una vez más. Tendrás que postergar las mujeres, las batallas, toda clase de placeres..., vas a embarcarte para Inglaterra.
BECKET:
Estoy a vuestras órdenes.
EL REY:
¿No adivinas cuál será tu misión?
BECKET: (En su cara se refleja la angustia de lo que ve venir.)
No, príncipe mío.
EL REY:
Serás portador de una carta dirigida a cada obispo. ¿Y sabes cuál será el contenido de esa carta? Tomás, hermano mío, “mi voluntad real es verte elegido arzobispo de Canterbury”.
BECKET: (Petrificado, pálido, intenta sonreír.)
¿No habláis en serio? ¿A un hombre como yo encargarle de tan santa misión? ¡Sería una gran farsa! (El Rey estalla en risa. Becket se contagia). ¡Qué ejemplar arzobispo iba a ser! Mirad mis nuevas calzas. Son la última moda de París. ¿No os parece lena de encanto esta punta hacia arriba?
EL REY: (Cesa de reír.)
Basta, Tomás. He hablado en serio. Escribiré las cartas antes del mediodía. Tú me ayudarás.
BECKET: (Pálido. Balbucea.)
Pero ni siquiera soy sacerdote, señor.
EL REY: (Tajante.)
Eres diácono. Puedes, mañana, pronunciar tus últimos votos y ordenarte dentro de un mes.
BECKET:
¿Y qué dirá el Papa?
EL REY:
Pagaré.
BECKET: (Murmura abatido después de un silencio lleno de angustia.)
Príncipe mío: veo que vuestra decisión es firme; pero no la llevéis a cabo.
EL REY:
¿Por qué?
BECKET:
Tengo miedo.
EL REY: (Duro. Como nunca lo hemos visto.)
Es una orden, Becket.
(El órgano de pronto empieza a tocar. Entra un soldado.)
SOLDADO:
La Iglesia está vacía. El señor obispo y el clero esperan a Vuestra Majestad.
EL REY: (Brutalmente a Becket.)
¿Oyes? ¡Vuelve en ti! El Tedeum va a dar comienzo.
(El cortejo se forma. En cabeza el sacerdote y el monaguillo. Becket un poco rezagado al lado del Rey.)
BECKET:
Es una locura, señor. No la cometáis. No podré servir a Dios y a Vuestra Alteza.

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Becket tenía razón; no podría servir al honor de Dios y al del reino. Este enfrentamiento lo llevará a la tumba con la que se abrió la obra:

EL REY:
Yo te dije: “Todo, excepto el honor del reino.”
BECKET:
Y yo te contesté: “Todo, excepto el honor de Dios.” Era un diálogo entre sordos.


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FICHA TÉCNICA
Becket (o el honor de Dios) (1963) 

AUTORÍA
Jean Anouilh

ELENCO
Lautaro Murúa (Enrique II)
Duilio Marzio (Thomas Becket)
Esteban Machado (Paje)
José Canosa (Arzobispo)
Guerino Marchesi (Obispo de Oxford)
Juan José Ross (Obispo de York)
Marcelo Krass (Gilberto Folliot)
Aldo Bigatti (Viejo sajón)
Nelly Roisen (Muchacha sajona)
Norma Aleandro (Gwendolina)
Miguel Padilla (Barón 1)
Miguel Ángel Martínez (Barón 2)
Roberto Pieri (Barón 3)
Mario Morets (Barón 4)
Dora Guzmán (Muchacha francesa)
Emilio Guevara (Monjecito)
Adolfo Ferrari (Preboste)
Ernesto Jauretche (Cura francés)
Santiago Tomassini (Niño)
Guillermo Gatti (Guillermo de Corbeil)
Marta Quinteros (Reina madre)
Alicia Berdaxagar (Reina consorte)
Alfredo Ocampo (El hijo mayor)
Gabriel Garrido (El hijo menor)
Nestor Ducó (Secretario de Becket)
Bernardo Perrone (Luis, Rey de Francia)
Alfredo Álvarez (Barón francés 1)
Ricardo Morini (Barón francés 2)
Loris Zanchi (El Papa)
Ángel Tribiani (El Cardenal)
Osvaldo Flores (Marinero)
Carlos Barnes
Santos Cáceres
Raúl Duarte
Guillermo Gatti
Andrés Guiraldes
Luis La Roca
Juan Carlos Posik
Antonio Souza
Carlos Vitorello

Trajes realizados por Bergara Leumann

TRADUCCIÓN
Francisco Javier