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TRINIDAD GUEVARA; MUCHO MÁS QUE UNA EXCELENTE ACTRIZ





Por Roberto Famá Hernández
Miembro de la Asociación Argentina de Investigación y Crítica Teatral

“24 de julio de 1873: Trinidad Ladrón de Guevara, 75 años, apoplejía serosa”:


Estas formales palabras en el Registro de Defunciones clausuraron la vida civil de la actriz más trascendente del teatro rioplatense en tiempos de Rosas, ícono de la mujer avasallante y desenfadada, que protagonizó éxitos memorables y amores escandalosos, que provocó admiración y odios viscerales, y que murió una fría noche de julio, en casa de su hija Laurentina, en la lejana Buenos Aires del siglo XIX.

Pero quizás no fue esta la única muerte de Trinidad Ladrón de Guevara, antes habrá muerto una parte de su ser, cuando le arrancaron por ser madre soltera, a su hija Carolina Martina, para ser criada por la familia del padre de la criatura; el Coronel Manuel Oribe, el militar uruguayo que llegara luego a ser el 7° presidente de Uruguay, de familia patricia, que nunca había tolerado el escándalo en la alta sociedad montevideana, a causa del nacimiento de aquella niña, el 21 de febrero de 1816, fruto de amoríos con una actriz sin linaje alguno. Así fue que cuando Oribe al fin se casó con su prima, Agustina Contucci, también patriota de la independencia, a Trinidad le arrancaron a su hija Carolina de 3 años, para ser criada “con moral y buenas costumbres”.

Es que Trinidad Ladrón de Guevara, había nacido en Santo Domingo de Soriano –actual Uruguay– el 11 de mayo de 1798, en una familia pobre; su madre Dominga Cuevas, fue una criolla sin estudios y su padre un actor y archivista oriental llamado Joaquín Ladrón de Guevara. De modo que, Trinidad pertenecía a un grupo social muy mal visto, los actores pobres, considerados inmorales, infieles a Dios y de vida liviana.

Trinidad contaba con apenas 13 años cuando hizo su primera actuación en la Compañía Cómica de Montevideo interpretando un papel menor. Por lo tanto, luego de la separación de su hija, contaba ya con amplia experiencia escénica y decidió radicarse en Buenos Aires. Rápidamente pudo entonces incorporarse al elenco del Teatro Coliseo de Buenos Aires y su éxito fue inmediato, su capacidad interpretativa y la ductilidad de su voz deslumbraron al público.

Paralelamente, su largo romance con un hombre casado con el que tuvo 6 hijos sin casarse nunca, hizo que su vida amorosa y su revolucionaria forma de vida libertaria provocara envidias y una campaña constante de injurias a lo largo de toda su carrera, que corrían a la par de la admiración incondicional del público.

Ambas condiciones, el éxito teatral, la incomprensión social por su inquietante vida y por su lucha como mujer contra la falsa moral, la acompañaron en su regreso triunfal a Montevideo, en sus actuaciones memorables en Córdoba, en Mendoza y en Chile, hasta que se retirara de la escena a los 46 años.

Aquella hija de Trinidad Guevara quizás haya entendido en su madurez, que su madre también luchó por la independencia, no de un territorio, sino de todas las mujeres, libres en la vida personal como iguales en la vida profesional.

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