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EVA FRANCO: Más de 900 personajes en teatro y cine en 80 años de carrera

Eva Franco, "La dama de la escena Nacional" es tan enorme su carrera como fue su talento; inabarcable, esa es la palabra, inabarcable incluso para cualquier investigador de la historia del teatro nacional, porque Eva Franco cruza la escena nacional y le pone su firma. Nació en Junio de 1906 y vivió el teatro desde la cuna. A los ocho meses hizo su primera aparición en el escenario, en brazos de Gerónimo Podestá. Se cuenta que Carlos Gardel, que era amigo de su padre le regaló una muñeca y ella jugaba a actuar ya sobre el escenario. Recordará Eva Franco: “De niña, mi papá me ponía una sillita para que yo me subiera y jugara a actuar. Y seguí jugando hasta ahora, siempre el mismo juego. Es un juego bravo, pero lo amo”.







En ambas fotografías vemos a Eva Franco actuando en "Medio Millón Por Una Mujer" 
Escena en interior de habitación. Eva Franco sacando un chocolate de una caja que tiene en su mano mientras Cirilo Etulain la mira sonriente. Ambos de pie, en una habitación ambientada estilo campo. Dirección Francisco Mugica

Eva debutó en el Politeama de Rosario, haciendo un pequeño papelito en el Jesús Nazareno de García Velloso. Ella misma recordaría:  “Salía para decir cinco palabras y llorar. Tenía una facilidad asombrosa para llorar”, tenía apenas 7 años. Ya a los 12 años tuvo sus primeros roles de responsabilidad, en la Compañía Franco-Simari-Arata (su padre fue su primer director artístico), y en la más prestigiosa compañía, la de Pablo Poldestá-Camila Quiroga. Es que Eva Franco era parte de una familia de artistas y para ella el teatro era su casa.


Fotografía aparecida en la revista Escenario año 1931 con parte de su familia

Su madre fue Ernesta Morandi, tenía 18 años cuando conoció a su futuro esposo, ella era hija de un inmigrante italiano que se opuso a la boda, porque el novio  era José Franco, tenía 20, y para colmo de males era actor de circo. Claro que no era cualquier circo; se trataba del circo de los hermanos Podestá, donde estaba naciendo el teatro nacional, allí tenía que nacer Eva Franco, la gran señora de la escena nacional.
Luego nacieron sus hermanas Herminia y Nelly, que también eligirían ser actrices y Angelina que no fue actriz pero se casó con un actor, el cómico Leopoldo Simari. Además había otra prima de las chicas, Nélida Franco, que luego alcanzó fama como actriz radial. 

Eva misma cuenta su historia en un libro ya agotado y muy difícil de hallar entre las librerías de usados, pero que bien le vale la pena buscarlo a toda persona amante del teatro.


El mítico Pablo Podestá le decía al padre “que no me dedicara jamás a hacer teatro subalterno”. Pero ella tanto hacía el drama de Alberto Welsbach Resaca, como piezas reideras de Romero y Bayón Herrera y así lo recordará: “Género chico, sí, pero un momento, que el viejo sainete porteño fue el mejor maestro que tuvimos entonces los intérpretes criollos”. Entonces, las compañías estrenaban hasta tres sainetes por semana, lo que requería un ejercicio constante.


En esta fotografia, de la noche del 1/9/1922, vemos a Eva Franco con parte del elenco de la Cia Arata-Simari-Franco, en la obra "Un Hombre de Negocios" de Domingo Parra y Torcuato Insausti, sobre el escenario del viejo teatro San Martin de la calle Esmeralda. En la misma sala, en otro horario de función interpretaban la obra "Voila la City al Galope" Asi era entonces el esfuerzo increible de las compañias teatrales, con hasta tres estrenos en una semana.

A los 15 años, encontró un pieza que le daría muchas satisfacciones, “Retazo”, del italiano Darío Nicodemi, y que la llevó en varias giras por Argentina, Chile y Uruguay, con tal éxito que a los 17 ya encabezaba su propia compañía, junto a Enrique de Rosas, maestro de actores, y se podía comprar dos cero kilómetro por mes. Las noches de estreno, y las de despedida, el teatro desbordaba de aplausos, suelta de palomas, tirabuzones de serpentinas y abanicos de flores en el escenario.  
Dijo de Eva Franco el periodista Ernesto Schoo:

Allá por 1937 (año más, año menos) un gran éxito de la temporada porteña fue "Joven, viuda y estanciera", de Claudio Martínez Payva, en una sala de la calle Corrientes que pudo haber sido el Astral, quizá. Mis padres, espectadores infatigables, me llevaron a verla a una función matinée. Quedé muy impresionado. Menos por la obra, bastante previsible aunque entretenida, que por su protagonista. Era Eva Franco.
Hasta ese momento yo casi no había visto otra cosa que sainetes, o bien esos espectáculos cómicos todavía linderos con el circo, con personajes caracterizados hasta la deformidad, con narices monstruosas, pelucas improbables, maquillajes exagerados que la cruda luz blanca resaltaba aun más, ropas carnavalescas. Las obras "serias" no se consideraban aptas, supongo, para chicos.
Mi padre me había advertido: "Nadie en el teatro argentino despliega la riqueza de tonos, de matices, de Eva Franco". Tenía razón. No sólo me entretuvo la previsible historia de la estanciera víctima de unos sinvergüenzas y rescatada por la devoción silenciosa de un capataz enamorado, sino que comprobé la verdad del aserto paterno. La actriz manejaba su voz con la flexibilidad de un instrumento musical, le arrancaba los acentos justos y, sin poder precisarlo todavía, a mi temprana edad, percibí también un exacto manejo del tiempo, de los tiempos, otro don musical.
Hay una escena, cuando por fin el capataz (era Fernando Ochoa, el famoso recitador gauchesco) confiesa su amor secreto por su patrona y ésta comienza a recordar episodios de infancia donde aquél pudo estar presente. La gracia está en que sistemáticamente los recuerdos no coinciden. Por el estilo de (estoy imaginando, no es el diálogo auténtico, pues no tengo el libreto a mano):"¡Ah!, usted era aquel que me salvó cuando el coche se volcó en el arroyo...". "No -le contesta él- yo era el que la ayudaba a atravesar los alambrados cuando usted iba a buscar al ternero extraviado". Y así un buen rato, hasta que todo se aclara y el amor triunfa, claro. Y bien, de esa escena, acaso trivial, la Franco -bien acompañada por Ochoa, justo es decirlo- hacía una filigrana de sutiles gradaciones, de la certeza a la duda, del asombro al temor de la revelación, de la autoridad de patrona al consentimiento de la mujer también enamorada. Han pasado tantos años y no lo he olvidado.



A este enorme éxito siguieron muchos más, vemos también junto a Fernando Ochoa, a su padre y a su hermana, como superaba las 200 representaciones con la obra CRUZA

Como bien digo al incicio de esta publicación; su trayectoria es tan grande que debemos darnos más de una entrada para apenas aproximarnos a  conocerla, por lo tanto pronto publicaremos más material sobre Eva Franco;  señora de la escena nacional.


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