Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Lautaro Murúa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lautaro Murúa. Mostrar todas las entradas

“Colomba” de Jean Anouilh con dirección de Juan Carlos Thorry

¿La Primera vez de Alfredo Alcón sobre un escenario?



Semanas atrás tuve la suerte de coincidir en el hall de un teatro con un querido amigo, biógrafo, periodista e investigador teatral, de muchos años en el oficio, con varios libros publicados, y en algún momento de nuestra conversación le comenté que recientemente había incorporado a mi colección el programa de mano de la primera actuación teatral de Alfredo Alcón: “Colomba” de Jean Anouilh con dirección de Juan Carlos Thorry a mediados de la década del 50.  

No! – Me dijo – Antes de Colomba actuó en teatro bajo la dirección Cunill Cabanellas.
  
Yo sabía que con Cunill Cabanellas había estudiado en el Conservatorio, junto a Ernesto Bianco y otros, pero me lo dijo con tanta seguridad y es tanto el respeto que le tengo que me puso en duda y tratando de investigar al respecto sólo encontré declaraciones de Alcón a dos medios periodísticos diferentes donde él dice haber debutado en teatro con “Colomba” coincidiendo con la primera actuación de Lautaro Murúa en Argentina. De todos modos, si alguien tiene información que refute lo dicho por el propio Alcón que, por favor, me la haga saber. Aquí está el programa de mano de “la primera vez” de Alcón sobre un escenario (Al menos hasta que alguien pruebe lo contrario)



En declaraciones al diario La Nación, hablando de Delia Garcés, Alfredo Alcón dice:  “Yo no trabajé con ella, no soy de su época, pero cuando debuté en teatro con Colomba , de Jean Anouilh, junto con Analía Gadé (por esa época no venía nadie a saludarme al camarín), de pronto escucho que golpean la puerta y era Delia, aquel ser de luz, maravilloso, de una belleza y una delicadeza increíbles. Me felicitó, y ahí pude ver hasta qué punto había gente dispuesta a ser generosa conmigo.”


En otras declaraciones, esta vez a la Revista Mercado del 17-5-79 claramente Alfredo Alcón dice: “En teatro debuté con Analía Gadé en "Colomba", de Anouilth, donde también hacía su debut Lautaro Murúa que recién venía de Chile.”

"Becket, El Honor de Dios" Lautaro Murúa, Duilio Marzio y Norma Aleandro en el Teatro San Martín. Año 1963

Anuncio gráfico de "Becket El Honor de Dios" 11 de octubre de 1963

"Becket El Honor de Dios" de Jean Anouilh se estrena en la sala Martín Coronado, del Teatro Municipal General San Martín (la mayor de las tres salas del teatro con una capacidad para 1049 espectadores) el 11 de octubre de 1963.  Un día después asume la presidencia del país el Dr. Arturo Illia.  Es decir que las autoridades del teatro sabían, desde varios meses antes, que no estarían en sus puestos todo el tiempo en que la obra permaneciese en cartel; serían pronto reemplazados por aquellos que designen desde el nuevo gobierno. Quizás haya sido por eso que, de los 115 millones de pesos que las autoridades del teatro tenían de presupuesto anual, a octubre apenas habían utilizado 54 millones y, además, 20 millones ya les habían reingresado por venta de entradas de esa temporada. (Comparemos; el valor de un departamento de 3 ambientes en pleno barrio de Caballito era de $1.250.000) Un Presupuesto más que suficiente para hacer las cosas bien. 

Mario Rolla, con apenas 38 años de edad a ese entonces, encara el desafío de la dirección de una obra de muy difícil puesta, ya que si se pretende seguir fielmente el original de Jean Anouilh, habrá que resolver, por ejemplo, como una barca con dos personajes a bordo desaparece bajo una ola  y como varios actores se presentan a caballo en más de una escena y vérselas con un total de 26 cuadros con cambios de escenografías, iluminación, vestuarios, etc. además de un texto nada fácil. Pero seguramente a Rolla este tipo de desafíos no le disgustaban demasiado, ya que años después, en el verano de 1975, aprovecha la escenografía natural de la Plaza Roberto Arlt, para montar allí la obra “Plaza hay una sola” de Diana Raznovich. La obra estructurada en 8 partes, la presentó en 8 espacios diferentes de la plaza simultáneamente, así el público se agolpaba en cada escena y podía seguirlas alternadamente y en el orden que quisiera.


Portada del Programa de mano
La escenografía estuvo a cargo de Mario Vanarelli que ya tenía en su haber más de 50 trabajos escenográficos en cine y muchos más en teatro. Se había iniciado muy joven,apenas egresado de la Academia Argentina de Bellas Artes, en el teatro Odeón al poner en escena varias obras de la Comedia Francesa, por aquellos días de visita en Buenos Aires.  Vanarelli fue el escenógrafo preferido de Narciso Ibáñez Menta, que lo convocó tanto para sus puestas teatrales como para sus obras televisivas. 
Duilio Marzio Pieza autografiada

Para su versión de Becket contaba Mario Rolla a su favor con la profesionalidad de un elenco de artistas ya reconocidos; Lautaro Murúa, Duilio Marzio,una joven Norma Aleandro, y una actriz, a la que Rolla había hecho debutar en teatro con "Yerma", la señora Alicia Berdaxagar.  Es justamente ella quien en un reportaje a Luis R. Calvo recordaría así aquel trabajo: "Cuando estuve por ejemplo en el elenco del Teatro General San Martín, entrábamos a las dos de la tarde y salíamos  a las 12 de la noche. Ensayábamos, había un descanso y hacíamos la función de la noche, era un entrenamiento muy grande el que se hacía" 
 


Interior programa de mano

Y esto? 
En el programa vemos publicados dos comentarios, uno del dramaturgo y director Gastón Baty y el otro de  Bertrand Poirot Delpech, reconocido crítico de espectáculos de "Le Monde" en esos tiempos, pero Gastón Baty falleció en 1952 Jean Anouilh escribe Becket en 1959. ¿Cómo pudo Baty hablar de una obra que se escribiría siete años después de su muerte? ¿espiritismo? ¿o es, acaso, el ejemplo que nos muestra la desidia de autoridades en retirada, capaces sólo para el error? Agradeceré que si alguien tiene alguna respuesta a estas preguntas, favor de hacérmela conocer.








Llegó el estreno y tanto trabajo y talento pareciera ser que no alcanzó; al menos para algunas críticas, como las del diario "La Nación" que sólo rescataron el trabajo de Duilio Marzio, pero condenaron desde la escenografía, de la que se dijo que era de pésimo gusto, hasta los trajes de Begara Leumann de los que se dijo que le sobraban cascables. De Norma Aleandro se dijo que era impávida, casi una estatua. Una obra difícil y un grupo de artistas muy talentosos, (¿quién puede dudarlo?) que pese a tantas horas de ensayo, como contaba Alicia Berdaxagar, no pudieron lograr una buena crítica. No obstante el público acompañó en buena medida. Es que el teatro no tiene fórmulas y el éxito es siempre un secreto que nadie conoce.


 LA OBRA:
Jean Anouilh
La obra de Jean Anouilh toma el personaje histórico de Tomás Becket también llamado Santo Tomás de Canterbury, que fue  Arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra durante el reinado de Enrique II 
Becket muere asesinado el 29 de diciembre 1170. 
Este martirio de Thomas Becket y la ambición de poder que le dio origen en aquella Inglaterra del siglo XII ya había quedado magistralmente plasmada en 1935, en la obra del gran poeta Thomas Stearns Eliot, (Premio Nobel de Literatura) bajo el título: “Asesinato en la Catedral” con mucho más rigor histórico.
Anouilh, en cambio, se permite despegarse un poco más de la verdad histórica y construye un drama que reflexiona sobre las honduras del alma humana, las tentaciones del poder y la relación entre el poder secular y el eclesiástico. Expone la frecuente discordancia entre dos fuentes de legitimidad: la de la Iglesia y la del Estado, lo temporal y lo intemporal; una discordancia que ha existido siempre, poniendo de manifiesto el dramático esfuerzo del Arzobispo por salvaguardar el honor de Dios, frente al presunto honor de su Príncipe
La analepsis inicial (o flashback, como prefieren algunos denominar a una escena retrospectiva) nos coloca ante la sepultura de Becket:


ACTO PRIMERO
CUADRO PRIMERO
La Catedral. Fondo neutro. Columnas esparcidas. La tumba de Becket, en mitad del escenario. Una losa con su nombre esculpido.
(Dos soldados se apostan a lo lejos. Entra El Rey con su corona. Un Paje le sigue a distancia. El Rey duda un momento. Se quita el manto. Torso desnudo. Cae de rodillas, rezando ante la tumba. Detrás de las columnas, entre las tinieblas, adivinamos unas sombras inquietantes.)
EL REY:
Tomás Becket, ¿estás contento? Aquí me tienes, desnudo, esperando a los frailes de tu Orden. ¡Qué fin más triste ha tenido nuestra historia! Tú, pudriéndote bajo esa losa, con el cuerpo atravesado por los cuchillos de mis barones, y yo aquí, como un cretino, con el torso desnudo, expuesto a las corrientes de aire, esperando a que tus frailes vengan a azotarme. ¿No hubiera sido mejor habernos entendido?
(Becket, vestido de arzobispo, como el día de su muerte, surge tras una columna.)
BECKET: (Dulcemente.)
No podíamos entendernos.
EL REY:
Yo te dije: “Todo, excepto el honor del reino.”
BECKET:
Y yo te contesté: “Todo, excepto el honor de Dios.” Era un diálogo entre sordos.


A Becket lo obsesiona buscar su honor mientras sirve a un rey que en verdad no es el suyo:




BECKET:
¡Si fueras mi verdadero príncipe! Si fueras de mi raza ¡qué sencillo resultaría todo! Te hubiera rodeado de una auténtica ternura... pero yo soy como un intruso en tus filas. Duerme, duerme... Mientras Becket se vea obligado a buscar su honor estará a tu lado. Pero si un día lo encuentra... (Pausa.) ¿Y dónde está el honor de Becket?
 ........................................................... 


Becket es nombrado canciller y deberá tomar en sus manos el honor del reino :




EL REY:
Señores: se abre el consejo. Os he reunido para tratar sobre esa incomprensible negativa del clero a pagar el impuesto de ausencia... Quiero saber quién gobierna el reino: la Iglesia... (El Arzobispo hace un gesto.) En seguida, señor Arzobispo. La Iglesia o yo. Bien, pero antes de entrar en el fondo de la discusión, quiero daros una buena nueva. He tomado la decisión de restablecer el puesto de Canciller de Inglaterra y Guardián del sello de los tres leones, y concedérselo a mi leal servidor y súbdito Tomás Becket. (Becket no puede evitarlo y, sorprendidísimo, se pone bruscamente en pie. El Rey, bromeando.) ¿Qué te ocurre, Becket? ¿Una necesidad imperiosa? No me extraña. Anoche bebimos mucho. Puedes salir. (Le mira divertido. Becket no se mueve.) Por fin he logrado sorprenderte con algo, ¿eh?
BECKET: (Se arrodilla ante él.)
Príncipe mío, el título que me habéis concedido es una muestra de confianza de la cual temo no ser digno. Soy demasiado joven para un cargo que...
EL REY:
¿Es que yo soy viejo? Eres joven, conforme, pero has estudiado mucho y sabes más que todos nosotros juntos, incluyendo al Arzobispo. (El Arzobispo hace un gesto.) En cuanto a su vida y costumbres, monseñores: bebe, sí, bebe...; le gusta divertirse, pero piensa todo el tiempo. A veces me molesta sentir cómo piensa a mi lado. Levántate, Tomás. Yo no tomaba una decisión, no movía un dedo sin tu consejo, era un secreto; desde este momento será público. (Estalla en risas. Saca algo del bolsillo y se lo alarga a Becket.) Toma: el sello con los tres leones. Ese sello es Inglaterra. Si lo perdieras, Inglaterra dejaría de existir y tendríamos que volvernos a Normandía. No lo pierdas... Ahora, ¡a trabajar!


........................................................... 


Becket efrentará hábilmente al Clero desde su función de Canciller defendiendo el honor de Inglaterra:

BECKET:
La noticia más grave es que desde que hemos abandonado Londres, y hemos pasado al continente, hay un poder en nuestro país que está creciendo de manera alarmante con peligro de anular el vuestro. El poder del clero.
EL REY:
Al final conseguimos que pagasen el impuesto.
BECKET:
Ellos saben que a los Reyes se les calma con unas monedas de plata; pero también saben tomar con una mano lo que sueltan por la otra. Y con habilidad de escamoteadores. Tienen tras ellos siglos de experiencia. Si no ponéis remedio habrá dentro de cinco años dos Reyes de Inglaterra: el Primado de Canterbury y vos. Y en diez años sólo un Rey...
EL REY:
¿Yo?
BECKET:
No. El Primado de Canterbury.
 ........................................................... 


Becket es nombrado contra su voluntad Arzobispo de Canterbury,  deberá tomar ahora en sus manos el honor de Dios.
EL REY:
Gracias. Levanta. (Lee.) ¡Buenas noticias! Tenemos un enemigo menos. (A Becket que entra muy alegre.) ¡Becket!
BECKET:
Todo está en vías de arreglo, señor. Tropas de refuerzo se encaminan a la ciudad.
EL REY:
Tú lo has dicho. Todo está en vías de arreglo. ¡Dios no nos ha vuelto la espalda! Acaba de llamar a su lado al Arzobispo de Canterbury.
BECKET: (Recibe un golpe)
¿Eh? ¡Pobre! Cuánta fuerza y obstinación en su débil cuerpo.
EL REY:
Bueno, bueno, no malgastes tu pena y considera la noticia como excelente.
BECKET:
Fue el primer normando que se interesó por mí. Se portó como un padre. Dios haya recibido su alma.
EL REY:
Así sea. A Dios, después de todo, le será más útil que a nosotros. (Le atrae hacia sí. Desfigurado). ¡Becket! ¡Qué idea extraordinaria revolotea alrededor de mi cabeza! No sé lo que me ocurre hoy por la mañana, pero pienso con más claridad. ¿Será por haber pasado la noche con una francesa? ¿Estás seguro que no me hará daño tener ideas geniales? Tomás, ¿me oyes?
BECKET: (Sonriendo divertido.)
Sí, príncipe mío.
EL REY: (Excitado como un niño.)
Escucha. La ley impide que yo me inmiscuya en los privilegios del primado. ¿Me escuchas?
BECKET:
Sí, príncipe mío.
EL REY:
Pero si el primado... ¿cómo diría yo? Es algo mío. Si el Arzobispo de Canterbury está a mi lado, ¿en qué podría molestarme su poder?
BECKET:
Bien. Pero no olvidéis que la elección es libre.
EL REY:
¡No! Por primera vez estás equivocado. Cuando el candidato no es persona grata al Trono, el Rey envía un emisario a la asamblea de obispos. Y es el Rey el que tiene la última palabra. Hace cien años que esa asamblea no ha elegido a ningún arzobispo contra la voluntad del Rey.
BECKET:
Les conocemos a todos. ¿En qué obispo confiáis? Con la mitra puesta, una especie de vértigo se apodera de ellos.
EL REY:
Pero yo sé de alguien que no conoce el vértigo, que tiene la cabeza bien sentada sobre los hombros. De alguien que no teme ni el furor del cielo. Tomás, hijo, te necesito una vez más. Tendrás que postergar las mujeres, las batallas, toda clase de placeres..., vas a embarcarte para Inglaterra.
BECKET:
Estoy a vuestras órdenes.
EL REY:
¿No adivinas cuál será tu misión?
BECKET: (En su cara se refleja la angustia de lo que ve venir.)
No, príncipe mío.
EL REY:
Serás portador de una carta dirigida a cada obispo. ¿Y sabes cuál será el contenido de esa carta? Tomás, hermano mío, “mi voluntad real es verte elegido arzobispo de Canterbury”.
BECKET: (Petrificado, pálido, intenta sonreír.)
¿No habláis en serio? ¿A un hombre como yo encargarle de tan santa misión? ¡Sería una gran farsa! (El Rey estalla en risa. Becket se contagia). ¡Qué ejemplar arzobispo iba a ser! Mirad mis nuevas calzas. Son la última moda de París. ¿No os parece lena de encanto esta punta hacia arriba?
EL REY: (Cesa de reír.)
Basta, Tomás. He hablado en serio. Escribiré las cartas antes del mediodía. Tú me ayudarás.
BECKET: (Pálido. Balbucea.)
Pero ni siquiera soy sacerdote, señor.
EL REY: (Tajante.)
Eres diácono. Puedes, mañana, pronunciar tus últimos votos y ordenarte dentro de un mes.
BECKET:
¿Y qué dirá el Papa?
EL REY:
Pagaré.
BECKET: (Murmura abatido después de un silencio lleno de angustia.)
Príncipe mío: veo que vuestra decisión es firme; pero no la llevéis a cabo.
EL REY:
¿Por qué?
BECKET:
Tengo miedo.
EL REY: (Duro. Como nunca lo hemos visto.)
Es una orden, Becket.
(El órgano de pronto empieza a tocar. Entra un soldado.)
SOLDADO:
La Iglesia está vacía. El señor obispo y el clero esperan a Vuestra Majestad.
EL REY: (Brutalmente a Becket.)
¿Oyes? ¡Vuelve en ti! El Tedeum va a dar comienzo.
(El cortejo se forma. En cabeza el sacerdote y el monaguillo. Becket un poco rezagado al lado del Rey.)
BECKET:
Es una locura, señor. No la cometáis. No podré servir a Dios y a Vuestra Alteza.

 ........................................................... 


Becket tenía razón; no podría servir al honor de Dios y al del reino. Este enfrentamiento lo llevará a la tumba con la que se abrió la obra:

EL REY:
Yo te dije: “Todo, excepto el honor del reino.”
BECKET:
Y yo te contesté: “Todo, excepto el honor de Dios.” Era un diálogo entre sordos.


 ...........................................................  
 
FICHA TÉCNICA
Becket (o el honor de Dios) (1963) 

AUTORÍA
Jean Anouilh

ELENCO
Lautaro Murúa (Enrique II)
Duilio Marzio (Thomas Becket)
Esteban Machado (Paje)
José Canosa (Arzobispo)
Guerino Marchesi (Obispo de Oxford)
Juan José Ross (Obispo de York)
Marcelo Krass (Gilberto Folliot)
Aldo Bigatti (Viejo sajón)
Nelly Roisen (Muchacha sajona)
Norma Aleandro (Gwendolina)
Miguel Padilla (Barón 1)
Miguel Ángel Martínez (Barón 2)
Roberto Pieri (Barón 3)
Mario Morets (Barón 4)
Dora Guzmán (Muchacha francesa)
Emilio Guevara (Monjecito)
Adolfo Ferrari (Preboste)
Ernesto Jauretche (Cura francés)
Santiago Tomassini (Niño)
Guillermo Gatti (Guillermo de Corbeil)
Marta Quinteros (Reina madre)
Alicia Berdaxagar (Reina consorte)
Alfredo Ocampo (El hijo mayor)
Gabriel Garrido (El hijo menor)
Nestor Ducó (Secretario de Becket)
Bernardo Perrone (Luis, Rey de Francia)
Alfredo Álvarez (Barón francés 1)
Ricardo Morini (Barón francés 2)
Loris Zanchi (El Papa)
Ángel Tribiani (El Cardenal)
Osvaldo Flores (Marinero)
Carlos Barnes
Santos Cáceres
Raúl Duarte
Guillermo Gatti
Andrés Guiraldes
Luis La Roca
Juan Carlos Posik
Antonio Souza
Carlos Vitorello

Trajes realizados por Bergara Leumann

TRADUCCIÓN
Francisco Javier

"LA MALASANGRE" de Griselda Gambaro Su estreno en 1982

Griselda Gambaro

El 17 de agosto de 1982 subía a escena, en la sala del Teatro Olimpia de Buenos Aires de Sarmiento 777, "La malasangre", de Griselda Gambaro y este estreno llenaba de expectativas a la crítica periodística. Esta expectativa se advierte en las gacetillas previas al estreno, especialmente en "Clarín Espectáculos" el 12 de agosto de 1982, cinco días antes, en las que se pone de manifiesto "lo personal" de la escritura dramática de Griselda Gambaro, así como el incipiente prestigio de la directora Laura Yusem y la presencia de Lautaro Murúa, un actor que hacía tiempo que faltaba del país, exiliado en España por sus ideas políticas. 
No olvidemos que no son tiempos fáciles, la dictadura más sangrienta de la historia nacional aún se sostiene, aunque tambalea, derrotada en la increíble guerra por Malvinas y se abre, entonces, la oportunidad de decir, de animarse una vez más, a enfrentar el silencio desde un escenario.

Laura Yusem

 La misma Griselda dijo:  "El hecho escénico nos tiene que despertar, nos tiene que desanestesiar de todo eso que es la falsa información, la deformación de los sentimientos y las ideas que es base de nuestra sociedad". Y añade: "El mundo nunca ha sido enteramente blanco ni enteramente negro; el mundo ha sido siempre una gran confusión, en todo sentido, incluso en el ético..."  La posición adoptada por Gambaro es, pues, muy clara, es la de "decir no" a la sujeción y el autoritarismo.
La pieza de mi colección que ahora presento, es el programa de mano de aquel recordado estreno y aquí está:

Portada Programa de mano Colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com
  La obra tuvo un éxito impresionante y en medio de tal coyuntura política, justamente, porque el texto se apoya de manera, simbólica, metafóricamente (procedimiento habitual en tiempos de dictadura) en el tema de la represión expuesto en la figura o referente histórico de Juan Manuel de Rosas y su familia, lo que fue fácilmente reconocible o identificable por el espectador ya que la puesta y el texto lograron claros paralelismos entre  pasado y  presente.

Programa de mano Colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com
Con La malasangre, dijo Gambaro, "quise contar una historia que transitara esa zona donde el poder omnímodo fracasa siempre si los vencidos lo enfrentan con coraje y dignidad, si se asumen en el orgullo y en la elección". Y es que Gambaro sabe utilizar cualquier ropaje, cualquier disfraz para hacer "visible lo invisible", ella enmascara, oculta la realidad, la transforma sólo para desnudarla y mostrarla tal cual es.

FICHA TECNICA
El elenco :
Soledad Silveyra
Lautaro Murua
Susana Lanteri
Patricio Contreras
Danilo Devizia
Oscar Martinez
Escenografía y vestuario: Graciela Galan
Dirección General: Laura Yusem
Programa de mano Colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com
Programa de mano Colección privada de Roberto Famá Hernández coleccionesteatrales@gmail.com


LA MALASANGRE RESUMEN DE LA OBRA

La acción de La malasangre - compuesta por ocho escenas - comienza  con una persistente tensión, francamente insostenible, entre Dolores y Benigno, su padre. La protagonista contará - en su pugna por alcanzar su identidad como mujer y su libertad - con un único apoyo: Rafael.
Lautaro Murúa
Entre las situaciones dramáticas fundamentales, se halla la situación inicial, con el trabajo que el padre - que está buscando un preceptor para su hija - ofrece a Rafael, el cual, por su "defecto" físico (es jorobado) le despierta una curiosidad "malsana", burlona, alevosa. En las expectativas del poderoso padre, el personaje "deformado"  no es un peligro para nadie. Así creerá ejercer un control, una vigilancia - que encarnarán la figura de la madre y de Fermín -, sobre el cuerpo de su hija.
Soledad Silveyra
Dolores es sincera, arriesgada, brutal por momentos. Su tono es de seguridad, se enfrenta con toda la fuerza de su ánimo a lo que considera injusto. De este modo se la describe cuando irrumpe, por vez primera, en escena: "Dolores es una hermosa muchacha de veinte años, de gestos vivos y apasionados, y una especie de fragilidad que vence a fuerza de orgullo, de soberbio desdén." Vehemente, furiosa ante el servilismo, reivindica su libertad de elección, como venganza contra el autoritarismo, la tiranía y el abuso arbitrario del poder por parte del padre. El acuerdo tácito de la madre a los intereses de su marido exaspera a la joven, indignada ante tanta servidumbre, tanta sumisión, tanta anulación.Rafael evita mirar directamente a los ojos a Dolores, pero ésta no deja de retarle, de hostigarle. En un principio, será Rafael quien juegue, mediatizado por su mirada, con su accionar primeramente oblicuo, con lo no dicho o con lo dicho a medias. Pero, progresivamente, se irá produciendo un acercamiento entre ambos personajes, aunque a ella le moleste la debilidad de carácter de él, circunstancia que provoca silencios tensos. Para ella, él tiene "Lindos ojos...Tiernos y sedientos". Quiere que él la mire, pero él oculta sus ojos, evita los de ella. Se ha enamorado... y va a ser correspondido. Planearán huir.
La historia de amor entre Dolores y Rafael -un juego de poder, también - dramatiza, en cierto modo, la fuerza activa de rebelión que encarna ella, pero que no logrará evitar el final trágico -la muerte del prudente Rafael -. Su éxito lo es en tanto que acto verbal de rebeldía, ya que condena al tirano a la soledad. Nos hallamos ante la disección de los mecanismos por medio de los cuales el poder se ejerce y se perpetúa, así como ante distintas posiciones respecto al ejercicio de aquél. La risa se alza, aquí, como liberación, como salvación.

Patricio Contreras
En lo relativo al dialogismo e intercambio entre los personajes, éstos tienen una doble faz. Por una parte, parecen adaptarse y aceptar las órdenes del padre pero, por otra, actúan siguiendo sus impulsos. Las relaciones padre-hija u hombre-mujer son trasladadas al plano político-social. El diálogo que se entabla entre los enamorados se propone como una alternativa vital real, auténtica, al margen del orden establecido. Pero una cosa es el deseo, el ámbito de los sueños, y otra muy distinta la realidad. Además, la opción amorosa de Dolores y Rafael es, al mismo tiempo, una opción política. Nos encontramos, así, en la intersección de dos ámbitos o esferas: la de lo público o social y la de lo privado o personal, o lo que es lo mismo, la exterioridad y la interioridad. Y es que, si atendemos a la poética que el texto nos plantea, "nada es tan simple como uno cree". De ahí el metafórico juego entre lo liso y lo torcido.
Como desenlace, el intento de huida, finalmente fracasado, de los amantes y la muerte de Rafael a mano de los verdugos. La revelación de la traición de la madre, que acaba siendo desenmascarada por la hija, en el marco de un enfrentamiento en el que ésta, a diferencia de aquélla, no se resigna, ni se somete, a la autoridad masculina. "El nombre es el destino", dirá Dolores. Su odio, contenido y feroz, hacia la madre, así como la condena al silencio son un reto lanzado al espectador: un silencio plagado de sentido. Porque lo que está dentro de las figuras es el miedo y el deseo reprimido, que se proyecta en una relación brutal con el cuerpo femenino: la violencia y crueldad como forma de exterminio de cualquier amenaza al poder central.
El Padre actúa motivado por el odio, al cual él llama amor. La madre actúa llevada por la envidia y el miedo. El novio - en el horizonte de expectativas del matrimonio concertado -, se expresa a través de la relación cruda, brutal con el cuerpo de Dolores, al tiempo que aparece retratado en rasgos tales como la carencia de desarrollo intelectual o la riqueza ostentosa. La pareja protagonista se libera de la represión, sí, pero ¿a qué precio? Ella es condenada a permanecer en silencio y él a morir. Esta doble figura que componen ambos personajes encarna la debilidad frente a la fuerza, la integridad frente a la corrupción, el valor frente al miedo y el amor frente al odio.





LEOPOLDO TORRE NILSSON Su primera vez en teatro


Leopoldo Torre Nilsson

Victoria Ocampo y Graham Greene

En Leopoldo Torre Nilsson no hay quien no reconozca a un gigante del cine argentino, pero pocos saben de su experiencia como director teatral. Los que si recuerdan el paso de Torre Nilsson por el teatro, mencionan “Fiesta de Cumpleaños” de Pinter que con su dirección se estrenara en 1958 o la puesta de “La Vuelta al Hogar” también de Pinter, que en 1967 presentara Torre Nilsson en sólo una función ya que fue inmediatamente censurada. Pero lo que muy pocos saben, es que su primer paso en la dirección teatral fue en 1957 con la obra “La Casilla de las Macetas” (The Potting Shed) de Graham Greene con traducción de Victoria Ocampo.
Aquí publico una pieza de mi colección que estimo muy valiosa; es el programa de mano de “La Casilla de las Macetas” año 1957 en el Teatro San Telmo. Allí encontramos tres textos que seguramente sólo se encuentran en esta pieza de mi colección y que ahora, al publicarlos en Internet, los salvamos del olvido; el primer texto es una reflexión de Torre Nilsson sobre el Teatro y el Cine, el segundo es una reflexión de Lautaro Murúa sobre teatro experimental, y en su interior central, encontramos un texto de Victoria Ocampo sobre la obra de Graham Greene por ser ella la traductora y editora de la pieza. Estos textos lo podrán disfrutar en estas imágenes del programa de mano. Además, vaya el homenaje al recordado Teatro San Telmo.

 LA SALA 
"Teatro San Telmo" 


En el elenco de esta obra encontramos, interpretando el papel de "Sara", a una batalladora incansable del teatro; la señora Lydé Lisant. Pero ella no sólo actuaba, sino que junto a su marido, Jacob Mirelmann, un empresario textil también gran amante de la escena, muy poco tiempo antes compraron un viejo cine de barrio, en Chacabuco 966 y lo transformaron en el Teatro San Telmo, que con el correr de los años, se convirtió en un "templo" del teatro independiente. Cuando Lydé Lisant y su marido abrieron el San Telmo en 1957, el barrio estaba absolutamente alejado del circuito teatral comercial, San Telmo no era tampoco el polo turístico que es hoy. Sin embargo el grupo del Sur (integrado por Lydé Lisant, Carlos Gorostiza y otros) logró una corriente de público que con obras importantes del repertorio nacional e internacional marcaron historia. Aquí el público se permitía debatir muchas veces con directores y actores aspectos no solamente de la temática de la obra, sino también de la puesta o de las actuaciones. Con "El Herrero y el Diablo" de Gené, abrió sus puertas esta sala de 350 localidades, que se sostuvo hasta 1970 cuando lamentablemente se incendió y el teatro perdió un lugar de encuentro. El San Telmo en muy breve tiempo formó escuela de espectadores. Allí también se presentaba Mané Bernardo y Sarah Bianchi, como una muestra más de la calidad de los espectáculos que se brindaban.


LA OBRA
Portada de la edición de Editorial Sur con traducción de Victoria Ocampo

En esta obra de Greene el tema es sin dudas la fe religiosa. Un niño que se suicida y el secreto de una familia que se cierra como un cerrojo despiadado sobre la vida de todos los personajes.  La crisis de identidad de Jaime, un personaje atormentado por un momento de su niñez que no puede recordar, la custodia casi obsesiva de su médico, su ex mujer que no deja de ser nuera para la madre de Jaime,  un secreto de familia custodiado por una madre implacable, un tío sacerdote y alcohólico que reniega de su dios, una niña de 13 años con preguntas, acciones y pensamientos desconcertantes para su edad,  son los andamios sobre los que Greene estructura un drama inteligente, impecable, que conmueve e inquieta. Aunque no aparezca abiertamente, toda la obra gira alrededor de la muerte y el más allá. Algunos diálogos y pasajes de la obra, hoy pueden resultarnos poco creíbles, pero si no nos apartamos del tiempo y lugar en que se plantea la acción originalmente, todo está en su lugar.  

FICHA TECNICA (haga click sobre las imágenes para verlas en todos sus detalles)
Interior Programa de mano Teatro San Telmo "La Casillade las Macetas" Año 1957 El original pertenece a la colección privada de Roberto Famá coleccionesteatrales@gmail.com
Intérpretes
  • Ricardo Floen Baum, interpreta al Dr Federico Baston, un viejo amigo y compañero de trabajo de H C Callifer.
  • Hebe Marbec, en el papel de Ana Callifer, una niña de apenas 13 años con comentarios y acciones que poco tienen que ver con su edad y que el autor utiliza para acomodar algunos hilos en varias escenas.
  • Lydé Lisant en el rol de Sara Callifer, mujer de 36 años, ex esposa de Jaime.
  • Lydia Lamaison en el imperturbable rol de Señora de Callifer, madre de Jaime y Juan.
  • Mario Morets interpretó a Juan Callifer, padre de Ana, prolijo personaje de 48 años.
  • Lautaro Murúa, en el atormentado Jaime Callifer.
  • Osvaldo Robledo, interpretando a Corner, el amigo de Jaime.
  • Alicia Berdaxagar, en el contenido rol de señora de Potter, una frágil mujer de 70 años, que comienza a desatar el secreto de la historia.
  • Angela Ferrer Jaimes, como la señorita Connolly Ama de llaves del Reverendo Callifer
  • Horacio Priani, como el atormentado Reverendo Callifer.